Gestión Cultural y comunitaria

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Gestión Cultural y comunitaria

Blog dedicado a la gestión cultural y trabajo social comunitario. En él encontrará trabajos sobre gestión cultural, participación ciudadana, politicas culturales, arte, entre otras materias.  

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Animando en la cultura.

Animando en la cultura. Algunas ideas para el debate.

Comparto un pequeño articulo publicado en el programa del “Encuentro de gestores culturales, Animación sociocultural: la comunidad protagonista de su propio desarrollo”, realizado por Almagesto Mediando cultura, los días 17 y 18 de Septiembre, en Mar del Plata, Argentina.

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Pensar la comunidad como protagonista de su desarrollo constituye un desafiante esfuerzo que desde siempre ha animado los empeños de quienes, situados en el territorio, entienden la participación activa y el empoderamiento, como elementos clave de este proceso.

En el ámbito de la cultura, las experiencias comunitarias vienen dando cuenta sistemáticamente desde hace décadas -mucho antes que comenzara a hablarse de gestión cultural- de una intensa actividad que se articula en torno del trabajo voluntario y asociativo en los territorios. Se trata de un quehacer en constante desarrollo, que abre espacios, posibilita la generación de sentidos, y que no espera orientaciones de ningún tipo para actuar, lo que configura su sello de identidad: el emprender desde la práctica concreta.

A inicios de los ´90, el desembarco de la gestión cultural en América Latina rápidamente fue seduciendo al sector cultural, dando pie a un proceso de reconversión de los hasta ese entonces trabajadores de la cultura, ahora devenidos en gestores, adscribiéndose a la tendencia. Rápidamente, la gestión puso en circulación un verdadero glosario que hoy domina las conversaciones. Por su parte, la animación (socio) cultural es una práctica tan rica como poco sistematizada, que sin embargo en Chile, de la mano de iniciativas a nivel de grupos, comunidades y del propio Estado, experimenta un incipiente reposicionamiento. La documentación y sistematización de estas experiencias sigue siendo una asignatura pendiente.

Sin embargo, gestión y animación cultural -pese a compartir la cultura como escenario- no son necesariamente coincidentes en propósitos y estrategias, lo que habla de un campo disciplinar compartido y en tensión, más aun considerando la matriz administrativista de la gestión cultural, que tanta gravitación posee en algunos espacios. Pese a lo indudable del aporte que viene haciendo la gestión cultural al mejoramiento de las prácticas en el campo de la cultura y las artes, son muchas las dudas que aún subsisten respecto del impacto que tanto énfasis en la gestión y el producto por sobre el sentido, tienen en el quehacer cultural.

En este marco, las prácticas de intervención cultural comunitaria, deben procurar estar en  sintonía con los problemas, sueños y necesidades que surgen de la vida cotidiana de las comunidades donde realizamos nuestro trabajo. Es esa relación la que fortalece su sentido, y permite que estas experiencias sean algo más que cumplir con el proyecto, o lograr el producto comprometido con el financiamiento.

La profesionalización que hoy preocupa a la gestión cultural ha contribuido (queriéndolo o no) a problematizar el rol y perfil del actor cultural comunitario, preguntando por las competencias y herramientas que debe poner en juego para desenvolverse con éxito en el escenario actual. Pero, ¿es posible una integración metodológica entre gestión y animación?, ¿Qué vamos a gestar y para qué?

Es por esto que la animación cultural a nivel de grupos y comunidades, experimenta el desafío de resituarse en el complejo escenario actual, buscando contribuir desde la acción colectiva y cooperativa a la generación del nosotros que hace de estas experiencias algo distinto. Hablamos de la búsqueda permanente de estrategias para encantar la participación y poner en tensión ganas y energías al servicio de un proyecto colectivo, que permita democratizar el acceso a la cultura y sus manifestaciones como derecho y saludable ejercicio de ciudadanía.

El fortalecimiento de la participación ciudadana en la cultura, en perspectiva de la construcción de un proyecto ético-político que oriente el quehacer del sector, representa en este camino un desafío de primer orden. Este esfuerzo precisa superar el estado de fragmentación asociativa que exhiben los actores culturales, si es que lo que se quiere es generar una actoría con voluntad de incidir en el curso de las políticas.

Así, entre tanta gestión y proyecto, relevar el sentido, representa una oportunidad para dibujar un quehacer cultural que inaugure nuevas conversaciones y ponga al centro de sus preocupaciones no solo la certeza de la técnica, sino la inquietud de la pregunta y ojos abiertos para captar la riqueza de todo aquello que la cultura esconde y a la vez genera.

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