“Para mí, la literatura fue siempre fantasía”

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Emilio Araya, escritor destacado de Contenidos Locales

De ideas claras y pensamientos concretos es Emilio Araya Burgos. Escribe desde los 14 años y siempre tuvo en mente convertirse en un escritor famoso. Ese propósito lo llevó a estudiar Letras Inglesas en la Pontificia Universidad Católica y hoy es reconocido no sólo por ser uno de los pocos cultores de la fantasía heroica en Chile, sino que también por ser el autor de la novela Schmetterlinge, publicada este año por la Editorial Forja. La literatura inglesa es su predilecta, sólo lee libros del siglo XIX y anteriores a él. Reconoce que no le interesa la literatura latinoamericana ni menos la chilena. Leyó a Tolkien cuado tenía 12 años y desde ahí que se convirtió en su primera y gran influencia, la que está presente –de una u otra forma- en todos los textos que escribe y parte de los cuales forman parte de su Blog Huevo Mundano.  

- Emilio, eres uno de los escasos cultores de la fantasía heroica chilena. ¿Cómo llegaste a inclinarte por esta línea de la literatura?.
- Fue algo espontáneo, no hubo un proceso de decantación. Para mí, la literatura fue siempre fantasía. Es más, la propia realidad siempre lo fue. De chico me fascinaban las leyendas urbanas, por ejemplo. Sentía una tremenda conexión con la posibilidad de lo sobrenatural, aunque a menudo me provocara insomnio. Eso sí, me parece que hubo un punto de inflexión una vez que leí a Tolkien. Quedé abrumado por su imaginación y la poesía insinuada en sus obras. Ello me llevó de golpe a buscar sus raíces, que resultaron, en cierto sentido, ser también las mías. Además, el realismo forzado de la literatura chilena, esa contradicción tremenda que encarna el mal llamado “realismo mágico” nunca me atrajo. Sentí (y siento) que no me representa. La fantasía, además, me permite responder preguntas fundamentales para el ser humano, cosa que por lo general se ve coartada por el pesimismo del realismo, que se descarna en pura queja. Por último, encuentro la fantasía mucho más estimulante. Tiende puentes entre lo que es, lo que no es pero que quizás pudo haber sido, y lo que, definitivamente, es imposible en el presente.

- ¿Qué de este género tiene Schmetterlinge, tu último libro ambientado en Osorno y cuya protagonista es una niña que vive en el sur de Chile?.
- En la superficie, nada.  A simple vista es una novela realista. Tiene, quizás, lo mejor del realismo, que es esa obsesión positiva con tratar de depurar el pasado. Sin embargo, es una pequeña síntesis sobre la estructura del viaje del héroe, aunque desde una perspectiva crítica. Creo que, en general, la fantasía heroica es un género muy de hombres. No quiero generalizar. ¡Sé que hay mujeres que han leído mucha más fantasía que yo! El punto es que, a un nivel superficial, parte de sus temas (las espadas, las luchas, las pruebas de fuerza, etc) están conectadas con nosotros, que somos innegablemente más brutos. Aunque muchos nos declaremos pacíficos, hay una cuota de deleite en presenciar la dinámica de las grandes proezas físicas. Creo que viene en nuestra genética. Schmetterlinge toma una posición crítica frente a todo eso, porque propone una alternativa al viaje del héroe. Un hombre se hace hombre porque demuestra a la sociedad que su cuerpo está preparado. Una mujer, creo, lo hace demostrando que tiene la fuerza para desprenderse de las ataduras del mundo masculino tejido a su alrededor.     
 
- Schmetterlinge ha recibido una muy buena crítica; sin embargo, no se refleja en las ventas. Esto, ¿no es un indicador que te haga desistir de seguir publicando en Chile, sobretodo cuando puedes hacerlo en otros países y en otras lenguas?
- Absolutamente. Hace unos meses recibí la primera factura de ventas y quedé impactado. ¡Tan sólo siete libros! No es que me interese vender toneladas de ejemplares; sólo me da mucha pena que un libro que ha gustado a las pocas personas que lo han leído no esté llegando a un público más diverso. La campaña de marketing literario en Chile es exigua. Dependes mucho de tus contactos para que tu obra llegue a muchos. Como siempre, si no tienes amigos poderosos, estás frito. Eso hace que realmente quieras tomar tus cosas e ir en busca de una cultura de trabajo donde se aprecie el esfuerzo y se fomente la calidad sobre el pituto. Los gringos tienen eso en su idiosincrasia, y por eso, ya que puedo llamar al inglés mi segunda lengua, he pensado probar suerte en otros lugares. Sin embargo, con el tiempo he ido cambiando de parecer. Es fácil arrancarse cuando el panorama se pone gris. Más si cuentas con las facilidades y el entrenamiento adecuado. En determinado momento, abandonar el barco (y dejar que se hunda) siempre es la mejor opción, el camino más sensato. Pero después vuelve la cordura y piensas que tal vez ese barco termine hundido porque no estuviste allí para tapar el hoyo.

- Hace nueve años que estás trabajando en un proyecto literario, el que aún no te cansas de corregir para sacar a producción. ¿Qué es lo que no te convence y te hace seguir en etapa de revisión?
- El fantasista carga siempre con una tara casi invencible: vive y crea a la sombra de Tolkien. Nos guste o no, él dejó la vara muy alta. El riesgo de caer en la copia descarada siempre es grande. Cuesta mucho abandonarlo como escuela. Fundamentalmente ha sido eso. Quiero escribir fantasía heroica, quiero agradecerle a mi maestro el regalo de su obra, y quiero que el resultado de eso sea mío. En mi opinión, no tiene que ser tanto a nivel de forma. Lo que me interesa desarrollar es la tesis de que en la fantasía pueden haber personajes y conflictos interesantes. Crear personajes duales y, al mismo tiempo, arquetípicos, es difícil. Además, uno no crea un mundo, completo y autónomo, en un par de meses. Se necesita pulir demasiado (¿o será que soy muy perfeccionista?).

- ¿Qué hace que un estudioso de las letras descarte de plano la literatura latinoamericana y chilena como parte de su repertorio?
- La absoluta falta de identificación con sus temas e inquietudes. Leí bastante sobre el boom en el colegio, y me aburrí mucho, a todo nivel. Las tramas no me convencían, el estilo de los autores me parecía confuso. También me molestaba mucho el ánimo separatista que había detrás. Eso de que, “hay que escribir distinto a los europeos”, me parece, en palabras simples, una tontera. Entiendo que en nuestro continente la identidad es un tema fundamental. Sin embargo, veo mucho sectarismo detrás. La literatura latinoamericana pretende hacer del continente un grupo exclusivo. En eso recae su propuesta, y está bien. Yo la entiendo perfectamente, porque siempre me ha gustado recalcar quien soy yo y lo que me gusta hacer. Sin embargo, jamás creo haber tratado de imponer a otros mi modo de vida. La propuesta del boom es invasiva para alguien que ve reflejada parte de sus orígenes en el Viejo Continente. Mi suelo me llama, pero también lo hacen huesos de hombres y mujeres enterrados del otro lado del océano. La fantasía me permite conciliar esos espacios.

- En el perfil de tu Blog el Huevo Mundano dice que con tu trabajo pretendes dar un “golpe de cátedra que ayude a destronar la hegemonía de la ciencia-ficción nacional”. ¿Cómo se hace para destronar a un género como la “ciencia-ficción”, que es uno de los más vendidos y leídos de nuestro país?. 
- Haciendo, básicamente, lo mismo que autores del género han hecho en Chile. Jorge Baradit dio un golpe devastador que mandó al realismo a freir monos al África. Eso dio resultado. Como bien dices, la Sci-Fi ha tenido un éxito arrollador en nuestro país. Nuestra tradición realista ha dado pie a una especie de mercado negro donde se tranza lo fantástico. Durante mucho tiempo, hemos negado exteriormente esa necesidad de expresar lo que va más allá de lo convencionalmente real. Y sin embargo, no hemos podido detener el flujo subterráneo. Sólo hay que atreverse a romper el dique, y ya está. Ahora la Sci-fi tiene su gran momento, y me alegro mucho. No le deseo mal, pero creo que necesitamos un balance. Lo único en mi línea que se ha escrito por estos lados son los libros de mi buen amigo Alberto Rojas, que no están mal, aunque en lo personal haya quedado algo decepcionado con ellos. Hace falta que tipos valientes como él se atrevan, con lo que tengan. No quiero hacer el cisma. Me gusta la inclusión. Creo que hay espacio para todos.

- Como muchas personas has optado por ser parte de la Comunidad de Contenidos Locales. ¿Qué hace a una persona tan selectiva de sus redes virtuales incorporarse a esta Comunidad?
- El responsable es el polo inclusivo de mi cerebro. Es curioso, pero me gusta mucho tender lazos. Disfruto mucho con ellos. Me gustan las relaciones profundas. Sin embargo, elijo con pinzas a aquellos con los que me embarcaré en ese tremendo desafío.
Con CL se dio la excepción a la regla. Me llegó un comentario de ustedes al Blog. Luego hubo intercambio de mails y ya está. Parte de ser inclusivo contempla, de vez en cuando, dejar de ser tan selectivo, dejar de pensar tanto con quienes vas a juntarte. Además, toda iniciativa chilena que se proponga revitalizar el quehacer anónimo de muchos artistas me parece loable y digna de apoyo. Pese a que, en el ámbito estético y profesional mire hacia otros lados, la idea no es desvincularse del suelo propio. Si me fuera bien, por ejemplo, en Estados Unidos, volvería a inyectar fuerzas. Necesitamos muchas iniciativas como la de Contenidos Locales en Chile. Pero lo que más nos urge es que sean titánicas. El verdadero golpe de cátedra está aquí. De una vez por todas, tenemos que aprender a alimentar apropiadamente la cultura y a los que la hacen.

 

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