Miguel Rivera (32) nació en La Ligua, pero se crió en Cabildo, en la Región de Valparaíso. Luego -como si el destino lo marcara con un sello de intrínseca itinerancia- se va a Santiago, pasa por Argentina y, cuando termina la Universidad, estudia en Europa. Es Licenciado en Artes (Universidad de Chile), Docente, Licenciado de la Universidad Mayor. Fue profesor de español (París, Francia) y también trabajó en algunas instituciones culturales en Madrid, España. Entre ellas Televisión Española, Filmoteca Española y en el Museo del Prado. En la misma ciudad obtiene el grado de Máster en Documentación Audiovisual en la Universidad Carlos III.
Hoy está en Chile, trabaja en el Programa BiblioRedes, desde el 2010, en el Área de Capacitación, como Encargado de desarrollo de contenidos.
Miguel cree que la Cultura de un pueblo debe mostrarse con toda honestidad y que, a pesar de que el patrimonio no es de gusto masivo, se puede difundir de forma rápida y eficaz por las Redes Sociales. Posee colecciones de objetos tan distintos entre sí, como los instrumentos étnicos de todas partes del mundo (los toca todos) y las máquinas fotográficas.
En resumen, un eterno buscador y recolector.

- ¿Qué podrían tener nuestros museos para que sean únicos en el mundo y cómo podríamos educar a la comunidad para que se les dé mayor importancia?
- No sé si el tema se trate de ser únicos, sino que de ofrecer un servicio honesto y de calidad a la comunidad. En los lugares donde esto se ha logrado, los beneficios son grandes y la cercanía y el cariño por el museo lo demuestra.
Por dar un ejemplo, un museo puede darle mucha importancia a mostrar la silla más elegante de Chile, que perteneció a un antiguo presidente, pero eso es menos cercano que vivenciar la preparación de la carbonada en la zona y revivir antiguos modos de preparación mediante talleres gastronómicos con jóvenes. En el fondo, pienso que hay que ir reduciendo las vitrinas cerradas y aumentando las experiencias que relacionen el patrimonio con nuestra propia vida. De esta manera fomentaremos un espacio original de educación que llevará el sello real de cada comunidad e iremos quitando en la sociedad esa visión de museo/mausoleo polvoriento y aburrido con vitrinas añosas y donde sólo hay una exposición de cosas antiguas.
- Hiciste un documental sobre tu pueblo ¿de qué se trata?
- Contrario a lo que se pueda pensar de un documental de un pueblo, no se trata de mostrar Cabildo al mundo. Se trata de mostrarle a los cabildanos su propia historia y patrimonio. Pienso que todo pueblo debería conocer su historia y de este modo, conocerse a sí mismo; ser conscientes de su Cultura, de esa manera respetarla, cuidarla y tomar las decisiones más sensatas con respecto a ella. No soy un erudito en dicha historia; sólo recopilo y establezco mi visión. Los documentales no pueden ser absolutamente objetivos, ése es su mayor atributo.
Si no eres de Cabildo, no entiendes casi nada de este trabajo. Es de un cabildano para otros cabildanos. Gran parte de la historia está contada por cuatro abuelitas que han vivido ahí toda la vida.

- Como chilenos, ¿cuál es nuestro patrimonio más importante?
- Hay algo que marca cualquier expresión cultural chilena. Este es nuestro “Peso Geográfico”. Para contextualizar pongo un ejemplo: en la Cultura Egipcia, las personas siempre fueron lo más alto de su entorno; para los Mayas, en tanto, siempre fueron los más pequeños bajo esos árboles gigantes. Las expresiones culturales de ambos pueblos están absolutamente marcadas por lo anterior.
En Chile, la mayoría vive en cerros o con cerros muy cercanos. Todos tenemos el mar muy cerca, un monstruo seco al norte, y un monstruo de hielo al sur. Un monstruo altísimo a un lado y una inmensidad de mar al otro. Por eso mismo, siempre fue difícil llegar y adaptarse acá. Somos más silenciosos, más lentos en adaptarse a lo nuevo (los estudios dicen que tenemos menos amigos que nuestros vecinos de Latinoamérica). Hemos desarrollado un humor y un lenguaje muy nutrido, muy interno. Típico de las islas. Nuestro patrimonio, tangible o intangible, está bastante marcado por esta condición. Así es que al hablar de lo “propio” de los chilenos, creo que es mejor mirar desde esa óptica, a buscar una especie de ranking para definir qué es lo que más nos identifica.

- ¿Como profesor, cómo podemos educar a los niños y los adultos a cuidar nuestro patrimonio? ¿Hay una estrategia distinta para cada grupo?
- El desafío está en darnos cuenta del valor de lo que siempre ha estado ahí. Se ha dicho incontables veces que nuestra riqueza sólo la ven los que vienen de afuera. Quizás el ejercicio sea ese salirnos y vernos con ojos foráneos. O pensar que estamos en el futuro y decir “¿Qué caracterizaba a ese lugar y a esa época?” Ahí tomaría más sentido el mote con huesillos, el cartero, y miles de ejemplos más del patrimonio tradicional y de ése que no lo es tanto. Alguna vez leí un texto por ahí que decía que los niños educados en historia y en patrimonio, difícilmente serán adultos que atenten en contra del medio. Y de seguro es así.
Incorporar la valoración del Patrimonio no es fácil. Como todo proceso de aprendizaje, pienso que se debe abordar desde una visión familiar y cotidiana. Por ejemplo, cuando en el Museo Arqueológico de Santiago tenía que enseñar a los niños las vestimentas y ajuares ceremoniales de distintos pueblos prehispánicos, los relacionaba con el día de sus cumpleaños o el año nuevo, donde se visten diferente, hay platos diferentes y adornos distintos. Hay días especiales, cosas especiales, que merecen más cuidado…Con los adultos es un poco más difícil, pues como tales, poseen estructuras más armadas que cuesta modificar. La Educación patrimonial y el impacto de la Cultura en la sociedad es un abono natural, sin resultados inmediatos, pero óptimos cuando llegan.
- ¿Cómo contribuyen las Redes Sociales en la difusión del patrimonio?
- Actualmente, las Redes Sociales están entre los entes difusores más potentes. El concepto de “viralizar” tiene una rapidez y efectividad sorprendentes. Estas ventajas también son aplicables para la difusión del patrimonio. Sin embargo, seguimos teniendo el desafío de luchar en contra de la corriente puesto que el interés por el patrimonio no es masivo y está muy lejos de ponerse de moda. Por otra parte, la posibilidad de llegar directamente a las personas, a través de su muro de Facebook, está ahí, disponible. El desafío va por el lado de readecuar el lenguaje. Hay varios ejemplos, como el video “Book”, en donde se explica un tema que a través de un lenguaje tradicional hubiese sido aburrido.

- Como recolector de objetos e instrumentos, ¿éstos también responden a tu interés por el patrimonio? ¿Qué instrumentos forman parte de esta compilación musical?
- No puedo decir que soy un coleccionista, pero sí un recolector. En esta manía de recolección hay muchos instrumentos autóctonos, más de 50. Hay que considerar que los instrumentos musicales son a la cultura y al patrimonio, como el lenguaje. Quiero decir, nacen en algún lugar o paralelamente en varios lugares, y están siempre modificándose y adaptándose al medio y/o a las necesidades. Por eso son tan inútiles las peleas entre algunos países por la “autoría” de algunos instrumentos o ritmos. Los instrumentos son patrimonio de la humanidad, del género humano.
¿Qué hay en mi estudio? En vientos tengo un Whistle celta, una flauta traversa tradicional y otra de madera de Guatemala, un Sicuri; una flauta china, un par de ocarinas y una harmónica. En percusión tengo djembé, darbuka, tamboril brasileño, dos Frame drums. En cuerdas, guitarra, charango y gopichand. En la nueva familia de los Pan drums tengo un Steel drum y dos Garrahand. Tengo arpas de boca mapuche, y otras de India y Vietnam, que son el Dan Moi y el Ken Moi… y varios más.
- De tu experiencia musical ¿Cómo fue? ¿En qué está ahora?
- He pasado por varias experiencias musicales, de diversa índole. Desde chico toqué varios instrumentos gracias a tener un papá folclorista. En el colegio participé tocando charango, zampoña, guitarra, cuatro y uno que otro instrumento latinoamericano. Formalmente sólo estudié dos años flauta traversa en el Conservatorio de la Universidad de Chile.
Entre 1999 y el 2006 participé en el Grupo Nómade, un grupo de fusión latinoamericana, aportando con percusiones y vientos principalmente. El 2006 grabamos un disco independiente, un tiraje simbólico pero un buen resumen de nuestra historia. Tuve que abandonar el grupo cuando me fui a vivir a Francia.

La primera vez que toqué en público fue por ahí por el ‘94 ó ’95. Fue inolvidable, puesto que nos echaron de la calle, o más bien dicho, de la playa. Además de esas primeras vivencias en la costa de la Región de Valparaíso, puedo destacar un viaje por el sur de Chile y Argentina, en el que con un amigo tocábamos de pueblo en pueblo, ganándonos la plata para comer y poder seguir avanzando. Llegamos hasta Santiago y ahora creo que debimos haber seguido.
Mi última experiencia callejera fue en el Metro de Madrid. En general tocar en la calle es muy enriquecedor: uno no filtra al público y los comentarios tampoco tienen filtro; son sinceros al igual que las monedas o billetes que caen.
Ahora tengo el Proyecto Englobo, en el que mezclo los sonidos de mis instrumentos raros bajo la técnica del Loop y con los ritmos que van apareciendo en el momento. Todo es improvisación y los temas se hacen a tiempo real. No hay opción de borrar. Es mi visión de la música bruta, sin edición. El resultado sin duda no es nada popular, nada masivo. Es de gusto de muy pocos, y eso de verdad, me gusta. Mejor que leer explicaciones es escucharlo en Youtube, SoundCloud y en Myspace.
¡Bienaventurados son los que llegarán al final de los temas!
Comentarios
Gran Profesional, Gran
Gran Profesional, Gran persona y por sobre todo, gran aporte al área de capacitación, Te Felicito Miguel, y gracias por tu ayuda y apoyo.
Ronald Muñoz
De La Ligua al mundo, notable
De La Ligua al mundo, notable tu expriencia de vida y formación Miguel, parece que te quedaste con ganas de seguir itinerando. Debieras armar un taller de música exprimental para el próximo encuentro.
Buena entrevista colega,
Saludos desde el monstruo seco.