Momentos y grandeza de Gonzalo Rojas

Imagen de Leopoldo Sebastián Martin Ramos

gonzalo rojas  poeta en juventud

Sofía Cáceres Bravo, escritora, periodista, entrega la emocionada vivencia de su recuerdo del poeta GONZALO ROJAS PIZARRO, en un relato – más que crónica – que parte en días recientes ante el catafalco en el Museo Nacional de Bellas Artes, que acogió transitoriamente sus restos en viaje a la tierra de sus afectos – Chillán – para continuar  con la visión de  “Chillán, el Torreón del Renegado,2003”.
Es un privilegio compartir con la comunidad de www.contenidoslocales.cl  los momentos y grandeza del poeta, en la visión comprometida por los afectos profundos de la escritora Sofía Cáceres



    

Momentos y grandeza de Gonzalo Rojas  

Ante su catafalco en el MNBA

por Sofía Cáceres Bravo *

 1.- Abril,2011, Santiago de Chile.-    

Con tres claveles colorados --como esos claveles de los Pizarro, su familia materna --sobre su nicho despedí  a uno de los más grandes poetas en lengua castellana, que reposaba plácido  tras el cristal, en medio de cientos de jóvenes que deseaban entregarle su adiós. Pero este genio de la palabra no sólo era éso, sino que el más noble, generoso, incondicional y nutricio amigo, que cantó como nadie a la pasión de vivir con libertad y cuya vida fue el mejor ejemplo. Y los jóvenes que asistían a su velatorio reconocían con su presencia el valor infinito de su mensaje. Eran seguramente los mismos que repletaban  los espacios, donde elevaba su voz para cantar al hombre sobre la tierra, con su miseria y su divinidad.

      Conversé con algunos. " Un poeta como pocos. Claro -- al pan...pan. Valiente. Sencillo " expresó un estudiante de Derecho de la UDP.  "Maravilloso, nos hablaba al corazón. Me removía el alma." dijo una estudiante de Diseño de la UC. Todos coincidían en la fuerza de su verbo, en la claridad  de su mensaje.


Mérito mayúsculo – pensé -- en una época en que el vértigo fácil  atrapa a la mayoría de los jóvenes -- pero como alguien escribió  que " la poesía es el lenguaje del alma", ellos recibían esos mensajes potentes en ese lugar reservado a la esencia de los humanos: el alma. Y sus vidas eran afectadas por la palabra sagrada de Gonzalo Rojas, en belleza, fuerza, libertad y amor en todas sus facetas.


    En una atmósfera solemne, climatizada con el perfume de las flores de su pueblo y la hermosura de la música elegida con finura, me despedí sin lágrimas del genial artista, del paternal amigo del que sólo recibí afecto, orientación, apoyo, vitalidad, energía y una perspectiva apasionada del mundo y de la vida. ¿ Cómo llorar a quien no se iba, sino que permanecería eternamente  a través  de su obra inmortal ?

    Dejé tres  "claveles colorados " sobre su catafalco , porque fuimos tres los que compartimos con él -- Hilda, su también fallecida esposa -- tantas horas decisivas de nuestras vidas en Concepción, Caracas y Chillán  y le leí un poema dedicado a él hace unos años , de mi libro Poemas del Siglo Pasado, aún inédito, recordando sus permanente palabras de estímulo para con mi creatividad literaria, que sólo reflejaban su generosidad espiritual y grandeza.  


2.- Concepción, 1963.

La primera mención de su nombre se la debo a mi padre, Agustín Cáceres Toro,  sólo un par de años menor que él, cuando ingresé a la carrera de Periodismo en la Universidad de Concepción, hermano del poeta surrealista Jorge Cáceres y quien me contó que lo había conocido en el Barros Arana, gonzalo el poetadonde Gonzalo Rojas había sido inspector y muy amigo de su hermano. Con esa información me acerqué a él después de una conferencia. Al decirle quien era, me abrazó estrechamente y su afecto se prodigó por largos, larguísimos años. Fui una suerte de hija de ambos, de Gonzalo e Hilda, quienes me acogieron como una suerte de familia apoderada, pues yo vivía en el Hogar los Tilos de esa Casa de Estudios. Fueron innumerables los domingos en que fui a almorzar y a compartir con ellos en su departamento penquista. Salimos muchas veces al teatro, al cine, o simplemente a pasear. Compartimos afanes y sueños. También penas y pérdidas, como las muertes de amigos tan queridos como Alfredo Lefevre o Lucho Oyarzún.

     El Gonzalo Rojas, brillante académico y gestor de los continentalmente famosos Congresos de Escritores, poeta impactante se convertía para mi asombro en un  anfitrión afable, pero magnífico, sencillo, y muy auténtico. Orgulloso de sus orígenes y con un gran sentido del humor, su picardía era proverbial. Sabía escuchar y era respetuoso de todos, pero directo y frontal para expresar sus opiniones. Cuando algo o alguien lo exasperaba -- no soportaba la mediocridad, el arribismo ni la vulgaridad -- era implacable y eso le granjeó la enemistad de algunos

    Compartía su mesa, su pan y su palabra con muchos jóvenes escritores, sin reparar en el oportunismo o la ingratitud. Estaba más allá de pequeñeces y cálculos. Era de una generosidad sin límites, para repartir pan y poesía. Y su creación literaria no es sino una consecuencia de su vida : amó a sus semejantes, amó el amor -- desde el amor pagano hasta el éxtasis de la trascendencia -- a su familia, a sus hijos Rodrigo Tomás y Gonzalo,  a su patria,  que recorrió de norte a sur , pero por sobre todo amó el poder creador del Logos, al que arrancó sus secretos y elixires.

    Guardo-- como tesoros inmensos-- muchas cartas suyas, libros -- la primera edición de La Miseria del Hombre, hasta algunos dibujos -- pero su mayor legado fue su amor irrestricto por la libertad, su espíritu indómito, su fortaleza y su infinita capacidad de ternura, ampliamente reflejados en su impresionante obra, cuya cantidad y calidad recibe la admiración universal.


3.- Caracas, Venezuela, 1978.

Sólo la amistad de Gonzalo e Hilda mitigó el impacto de Caracas -- la capital del vértigo : su calor, ruido, caos vial -- sobre mi difícil embarazo en el exilio. Primero fue ayudarnos a reconocer su espacio geográfico, sus calles, autopistas, clima, lugares históricos, comercio, distintos sectores, en una ciudad que muestra desde la llegada, los contrastes más grandes entre la riqueza petrolera y la marginalidad generada por la injusticia, con sus "ranchos" suspendidos entre las montañas que circundan el valle de Caracas.

Más tarde familiarizarnos con el rico pasado histórico de la cuna de la Libertad de América. Ante nuestros ojos deslumbrados fueron desfilando  Simón Bolívar, el  padre Libertador; Manuelita, su genial y aguerrida compañera de vida y de sueños; su maestro  Simón Rodríguez, quien lo formó ideológicamente; Francisco de Miranda, el precursor de la Emancipación de América, hombre universal, militar, periodista, estadista, intelectual y amante de cien batallas; la sinpar Teresa Carreño, pionera feminista y pianista brillante, que fue calificada como " el pianista más grande de la historia "; Teresa de la Parra, extraordinaria novelista , y Andrés Bello, polígrafo eminente, que sembró la semilla de la Universidad de Chile y  sentó las bases de la Gramática.
Recuerdo que nos decía " así como la Naturaleza en este país -- hace germinar las más bellas y descomunales flores, los árboles más verdes, frondosos y gigantescos -- también ha  hecho germinar a los espíritus más libres, a los genios más grandes de este Continente " y nos motivó a conocernos.Portada de libro

Luego nos fue adentrando en el mundo cultural e intelectual caraqueño. Recuerdo con especial simpatía a Elena Vera, genial poeta; a Gabriel Bracho, muralista y artista plástico notable, y a su bella y talentosa consorte, la poeta y académica Velia Bosch; a Juan  Liscano, poeta y editor de la revista Zona Franca, quien nos contrató como  correctores de estilo, para acceder a nuestras respectivas visas, a petición de Gonzalo e Hilda, a los historiadores Ramón J. Velásquez; José Luis Salcedo  Bastardo; a José Ramón Medina, gran poeta y democráta venezolano, entre otros. También nos ayudó en la inserción laboral y en todos los quehaceres propios de una nueva familia de emigrados.
 
La contención fue total y permanente, hasta el día que regresaron a Chile en la década de los 80, para irse a vivir a Chillán, donde construirían un hermosa vivienda al lado de la casa familiar de Hilda. En nuestro recuerdo quedaron esos domingos maravillosos, cuando nos iban a buscar en un auto  Maverick, manejado por Hilda y nos acogían en su bello departamento, donde atesoraban recuerdos y regalos valiosos y dispuestos con exquisito gusto.

Ellos disfrutaban con el pan convivencial, el vino cálido en la tertulia y la confidencia. Hilda era una consumada chef y sus preparaciones eran famosas en el mundo cultural caraqueño. Gonzalo nos leía sus últimas creaciones, y nosotros -- jóvenes ilusionados con la palabra -- le mostrábamos nuestros textos, que elogiaba con respeto y sabiduría.

Gonzalo Rojas nos  alimentó no sólo con el genio de su poesía, sino con la savia generosa de su amistad. Y por eso nos sentimos privilegiados.


Chillán, el Torreón del Renegado,2003.



Conocí la casa del poeta cuando Hilda aún vivía y ahora siento que fue una suerte de despedida. Recordamos nuestra vida en Venezuela, a los amigos comunes, a los que ya no estaban--como al también poeta Mario Milanca-- mi esposo y padre de mi hijo. Recorrí la inmensa vivienda, que habían convertido en un espacio original y muy acogedor, elegante y sencillo al mismo tiempo; como ellos. Recuerdo que almorzamos en la cocina, en familia. Allí Hilda me contó que tenía cáncer. Fue para mi un golpe bajo de la vida, pues ella era joven aún y una mujer muy ordenada. Ambas lloramos abrazadas largo rato y ella me hizo prometer que si ella desaparecía primero,   estuviera cerca de su de su hijo Gonzalo.
Fue un reencuentro alegre y triste a la vez. Hablamos muchas veces por teléfono. Nos escribimos. Yo le dediqué--junto a otras personas significativas en mi vida-- mi libro Cuentos de mujeres sólo para hombres. Al poco tiempo moría de un cáncer al pulmón, una mujer que nunca fumó. Por ella supe que Gonzalo la había cuidado personalmente. Cerrando así un ciclo amoroso intenso, muy bello y fundamental para ambos. Si hay otra vida, deben estar juntos nuevamente.

Recuerdo otra de mis visitas a la casa del poeta. Fui acompañada de mi amiga, la profesora Anita Altamirano, profunda admiradora de su obra. Se notaba la ausencia de Hilda. Almorzamos en el Mercado y al pagar, quisimos compartir la cuenta. El poeta no lo permitió alegando que " ahora sé hacer cheques"...era un niño de ochenta  y tantos   años. Efectivamente, Hilda se había encargado siempre de la administración de la casa y los ingresos de ambos, conducir el auto, organizarlo todo.


Gonzalo Rojas sin Hilda debió aprender de nuevo a vivir. Conformaban una singular pareja. Ella era muchos años menor que él. Mucho más alta . Muy bella. Elegantísima . Sobria y fina. Refinada, pero natural.

Fuimos a visitar su tumba.  Gonzalo la recordó con amor. Ella era especialista en Literatura, con varios grados académicos y habían trabajado siempre juntos, tanto en Concepción, como en otros países. Uno de los estudios más serios de su poesía fue hecho por ella. Recordó que para molestarla le decía la Rosita, pues ella se llamaba Hilda Rosa. Nos invitó a conocer el Torreón, casa enclavada en una montaña a varios kilómetros de Chillán

Allí descubrimos una faceta nueva de su extraordinaria personalidad: la de constructor de viviendas y decorador-diseñador. Nos contó cómo había descubierto ese terreno y la vieja casa . Y como fue  transformado ese espacio, casi abandonado en un lugar bellísimo y confortable, peculiar e inolvidable. " Este es mi refugio -- nos contó -- y me gustaría vivir aquí". Nos invitó a conocer el rio que bordea el predio y nos sentamos en un pequeño embarcadero, donde  " nos despedimos con Hilda, pues ella presentía su muerte"

Así fue este eminente poeta. Cálido, profundamente humano, con quien compartimos muchos e importantes momentos. Algunos trascendentales. Nos deja sus libros magistrales, pero más allá de las páginas nos deja el tesoro de su  amistad y su amor apasionado por la libertad. PAZ A SU ALMA.

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SOFÍA  CACERES BRAVO

 

 

 

 

*La autora es periodista y escritora, autora de los libros Relatos de la Arboleda; El diario de un niño y Cuentos de mujeres sólo para hombres, firmado con el nombre literario Sofía Toro.

 

 

Gonzalo Rojas nació en Lebu, Arauco, en 1917. Fue miembro del Grupo Mandrágora, de filiación surrealista, en 1939. Ha obtenido premios nacionales e internacionales-- el premio Nacional de Literatura, Doña Sofía y Cervantes -- entre otros -- becas literarias en Europa, y participado en congresos en  Estados Unidos, Europa y América Latina. Catedrático titular en universidades chilenas, norteamericanas y europeas. Diplomático en Oriente y América Latina. Organizador y presidente de encuentros nacionales e internacionales de escritores. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano, rumano, alemán y otros.

Su obra:   Incluye títulos señeros como La miseria del hombre,Contra la muerte; Oscuro, Transtierro;

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Comentarios

Imagen de Cecil Guillermo Reiman Campos

Se nos fue un gran poeta,

Se nos fue un gran poeta, otro de los grandes que viaja a las estrellas, para compartir con Neruda, Mistral, De Rocka. Uno de los buenos articulos Leopoldo que nos acostumbra. Cecil
Imagen de claudia beatriz lara vásquez

Muy buen artículo don

Muy buen artículo don Leopoldo, en el que vamos a poder conocer más sobre el gran poeta chileno Gonzalo Rojas, oriundo de la hermosa región de Bío Bío...

Mis cordiales saludos.

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