Isabella B. Binimelis "Am Ñi Ul" por Héctor Mellado Troppa

Imagen de Ronald Muñoz San Martín

Pocas veces es posible presenciar un arte dotado de un profundo sentimiento de interculturalidad, de reconocimiento, producto de la experiencia vivida y compartida de la autora, que emana y desemboca, como Isabella  menciona, en la fuerza de la técnica sobre tela y la madera, en un expresionismo muy peculiar de pigmentos naturales, gredas, piedras y técnicas mixtas en general que se aúnan en relieves profundos  y revelan al espectador a través de una potente amalgama de colores, el vinculo que posee el che con su entorno sociocultural y espiritual. No es casuístico a través de esta obra descubrir la armonía y dialogo constante entre los elementos exteriores e interiores, lo tangible y lo intangible, la búsqueda del equilibrio como origen de la conciencia de ser en el mundo: El che como uno más entre todos los newen existentes en el Wajmapu. Fücha, Kushe, Üjcha y Weche, su vínculo al interior de los newen permiten que emerja el Güne, el que vela por la armonía entre estos. El che manifiesta a través del jejipün una revitalización constante del vínculo ancestral con las fuerzas del universo, que nos expresan constantemente mensajes de equilibrio, armonía, conocimiento, verdad. Es un dialogo permanente, imperecedero, el cual tiene como finalidad el Az Felen.

La obra de Isabella B.Binimelis nos desafía constantemente además al encuentro. Encuentro que trasciende más allá del respeto y nos lleva al desafío el reconocimiento del mapuche. Pero en este desafío del reconocimiento, como mencionó Raúl Fornet, existe una latente dialéctica cuyo conflicto de fondo remite a un hecho consuma­do por la historia de inhumanidad escrita hasta hoy, a saber, que la negación del otro ha funcionado como un “pretexto” para ocupar el mundo del otro, para invadir su espacio y su tiempo, para declarar en fin “desiertas” sus almas y sus mundos de vida y poder llenarlos así de los “productos” de la civilización domi­nante.  Este encuentro va más allá de los muros del reconocimiento, tolerancia y respeto liberales. Nos transporta y nos encara a una nueva realidad que nos implica compartir mundos. Mundos generados en reciprocidad, es decir, mundos reales propios, pero que se “reconocen” como co-fundadores de realidad humana. La revelación, interpretación y comprensión de múltiples aspectos de la  visión cósmica y filosófica ancestral mapuche, dotan a esta obra de una intencionalidad particular, que nos solicita develar nuestro rostro mestizo y reubicar y recontextualizar la narrativa fundamentalista de nuestra identidad, posicionándola espacial y temporalmente, en contextos de diálogo intercultural asimétrico, como lo es Temuco.

Am Ñi Ul, simboliza las posibilidades y desafíos de este re-encuentro, el cual debe darse como un proceso práctico y cotidiano. Debemos asumir la interculturalidad como un proceso cotidiano complejo, el cual es frágil y abierto en sus conquistas y logros. Es posible que través de un constante dialogo de saberes, como el vivido por Isabella, podamos resemantizar nuestras concepciones de tolerancia y reconocimiento actuales, y en nuestra praxis diaria dejemos de invisibilizar y finalmente socialicemos un reconocimiento que garantice la alteridad y en el cual podamos mirarnos a la cara y en un proceso de aceptación reciproca, de interacción y participación reales, a través de una dialéctica constante finalmente pasemos de dialogar los “asuntos del otro”, a dialogar los asuntos comunes y compartidos.

Héctor Mellado Troppa

Estudiante de Pregado

Licenciatura en Antropología

Universidad Católica de Temuco

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