El "Poema 21": Ni de Parra, ni de Neruda, ¡de Osnofla, señores!

Imagen de Criss Salazar N

Caricatura hecha por Osnofla. Fuente imagen: ergocomics.cl

Caricatura hecha por Osnofla (Fuente imagen: ergocomics.cl)

Perdí mucho tiempo buscando esculcar algún recuerdo de la presencia de Luis Enrique Alfonso Mery, alias Osnofla (su propio apellido, invertido), en el barrio antiguo de Mapocho, cerca de la estación. Con el ambiguo dato de que vivió en una pensión de allí y decidido a comentar su caso en mi trabajo sobre el mismo barrio de marras que ya estaría próximo a ser publicado (si todo resulta como espero, obviamente), estuve paseando por varios de los hoteles del sector, consultando a la espera de que alguien recordara algo sobre el paso del alguna vez conocido periodista satírico y caricaturista de editorial Zig-Zag. Pero ya nadie lo hace, salvo un puñadito de investigadores del comics chileno que han escrito algo suyo en la internet, como el excelente sitio de investigación Ergocomics.cl.

Estaba por abandonar la empresa cuando apareció publicado en un diario nacional una nota sobre Osnofla y su paso por uno de los hoteles de calle Morandé llegando a San Pablo. Era el dato de oro perdido... Irónicamente, su autor es Mauricio Valenzuela, mi estimado amigo periodista y fotógrafo. De haberle comentado a tiempo mi interés, me habría ahorrado cantidad de tiempo pululando por el barrio Mapocho a la espera de confirmar la presencia del personaje en el vecindario y reunir la información que presentaré de él en el libro, finalmente.

Por ahora, sin embargo, quisiera adelantar algo aquí sobre la situación del más conocido de los trabajos de Osnofla: el "Poema 21". El gran sarcasmo de la historia es que se lo cree creado por el antipoeta Nicanor Parra o por nuestro Premio Nobel Pablo Neruda, cuando en realidad ellos sólo lo popularizaron declamándolo ante amigos y su público. Corresponde a una curiosa y jocosa copla que él estructuró de una manera tal que echó manos al recurso de forzar deliberadamente la acentuación de varias palabras al final de ciertas líneas, para darle a los versos un ritmo particular en las rimas, tanto bien logrado que Hernán Díaz Arrienta, el crítico Alone, lo consideraba entre los 100 mejores poemas producidos en Chile y parece ser él quien lo apodó "Poema 21", aludiendo a los "20 poemas de amor" del repertorio original nerudiano.

Dice este extraño y feliz experimento de Osnofla, que llegó a ser casi una canción popular en su época:

Fue una tarde triste y pálida
de su trabajo a la sálida
pues esa mujer neorótica
trabajaba en una bótica.

Cuando la vi por vez primera
una pasión efimera
me dejó alelado, estúpido
con sus flechas el Dios Cúpido
que con su puntería sabia
mi corazón herido habia.

Me acerqué y le dije histérico:
- Señorita, soy Fedérico.
¿Y usted? Respondió la chica:
-Yo me llamo Veronica.

Y en el parque a oscura y solos
nos quisimos cual tortolos.
Pasó veloz el tiempo árido
y a los meses el márido
era yo, de aquella a quien
creía pura y virgén.

Llevaba un mes de casado
lo recuerdo fue un sabado.
La pillé besando a un chico
feo, flaco y raquitico.
De un combo la maté casi
Y a ella, entonces, le hablé asi:

“¡Yo que te creía buena y cándida
y has resultado una bándida!
Y el honor solo me indica,
mujer perjura y cinica,
después de tu devaneo,
que te perfore el craneo”.

¡Y maté a aquella mujer
de un tiro de revolver!

El poema tenía por título original "La Botica", aunque otros comentan que su verdadero nombre era "La eterna historia". Sin embargo, la popularidad como "Poema 21" trascendió y con ello también un error que ya parece generalizado y, desgraciadamente, demasiado extendido: que pertenecería al repertorio creado por Nicanor Parra, dado que él solía recitarlo con frecuencia y sin la precaución de advertir que pertenece originalmente a Osnofla. Otros han llegado a especular que le pertenecía a Neruda, que quedó fuera de sus "20 poemas de amor" y que Parra sólo lo tomó "prestado", cayendo en la trampa a la que induce el mote de "Poema 21". Internet se ha encargado de esparcir más todavía este error.

Osnofla falleció a mediados del siglo pasado en casi completo olvido, viviendo esos últimos y tormentosos años en su habitación del hotel de Morandé. Sólo algunos de sus colegas lo recordaron, con notas de homenaje.  Es un acto de justicia, entonces, advertir que este poema que tuviera tanto valor en su tiempo y que sigue dando prestigio a otros autores ya consagrados y debidamente premiados en las artes líricas, pertenece en realidad a Luis Enrique Alfonso Mery.

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