Vestirse en el Siglo XIX e inicios del XX: El inicio de la extranjerización cultural

Imagen de Máximo Eugenio Beltrán Fuentes

p. Guillermo Sepúlveda Castro
Licenciado en Sociología

"Este es el segundo artículo que publica con nosotros el amigo e integrante del Grupo, http://chillanantiguo.blogspot.com

Guillermo Sepúlveda, sociólogo de la UdeC; esta vez con un texto introductorio al tema de la vestimenta y el trasfondo de la extranjerización cultural"


La vestimenta de los viejos habitantes de la comuna viva de Chillán se encontraba caracterizada por una cultura enraizada en el hombre adulto. Esto, que puede parecer bastante lejano a las concepciones modernas del vestir, fue y marcó una tendencia y moda. La razón fundamental de lo que podría definirse como un cierto “adultocentrismo” fue la fuerte importancia que adquiría la generación adulta en el desarrollo económico, cimentado por el trabajo manual y la histórica productividad agrícola de la comuna. Este, sin duda es un sello de sus tendencias sociológicas y la gran diferencia con nuestros tiempos centrada en la “eterna juventud” o “juventocéntrica”, tema que no hablaremos aquí por ser “harina de otro costal”.
Por otra parte y de forma complementaria, el siglo XIX termina con una cruenta Guerra Civil (1891) la cual, en sus aspectos más oscuros, conlleva a fuertes divisiones. La lucha ideológica entre Presidencialistas (Balmacedistas) y Parlamentarias repercute también en la cotidianidad, trayendo consigo la fuerte influencia de la nación inglesa, ganadora real de la guerra político-económica generada por el salitre chileno. Esta victoria extranjera consolida no sólo a la apropiación de los medios de producción salitreros en nuestro norte, sino que además y principalmente, una tendencia anglo-céntrica –británica per excellence- la cual se manifiesta en el ropaje eurocéntrico y aristocratizante. 
No obstante a los avances de estas tendencias, la moda histórica chilena no quedaba atrás. La clase denominada “dirigente” se vió de mayor forma influenciada por estas modas eurocéntricas y, por el contrario, fueron los sectores “populares” y campesinos los cuales aún conservaban la vestimenta generada por ellos mismos y alejada de las grandes tiendas modernistas; esto debido fundamentalmente a las fuertes raíces cristiano-católicas que aún los diferenciaban de la emergente clase alta de corte laico y adherente a la reciente consolidación estructural del modelo parlamentarista británico, el cual impera aún en nuestro siglo.
Es así como poco a poco las tendencias extranjerizantes fueron haciendo lo suyo. En lo que respecta a la estructura social del país, estas trajeron como consecuencia un alejamiento progresivo entre la emergente clase dirigente y los demás sectores. Las divisiones generadas por la Guerra Civil repercutieron así en las relaciones sociales de la Nación Orgánica y trayendo una fuerte crisis de integración. El conflicto “modernidad”/”tradición” se vio en estos tiempos fuertemente marcado.
Estas son las condiciones históricas profundas. Queda ahora reflexionar lo que queda para el Siglo XXI. ¿Hemos cambiado en demasía? ¿Refleja actualmente nuestra vestimenta la forma en que concebimos el mundo? Estas y otras preguntas quedan al tapete y son una invitación del autor, su humilde servidor, al pensar el mañana de nuestra tierra centralina.

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