Obra mayor del periodismo chileno:
“BAJO TIERRA – 33 MINEROS QUE CONMOVIERON AL MUNDO”… O LA CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA FALLIDA
“El autor nos lleva de la mano por el escenario donde ocurren los hechos, con gesto amigable, pero certero. Seguro, pero cómplice. Nos hace correr, pero también nos permite suspirar”.
“Un cronista que domina el relato, el recuento cronológico de los hechos, creando escenas vívidas, retratando personas y personajes con agudeza sin igual…”
Por Sofía Toro *
Es un privilegio entregar al conocimiento de la excelente audiencia de
www.contenidoslocales.cl
una crónica de la periodista SOFIA TORO, que comparte
generosamente con nosotros la excelencia de sus escritos
¿A qué tendremos que apelar los chilenos para que tragedias como estas nunca más vuelvan a ocurrir? Con esta impresionante pregunta termina el libro “Bajo Tierra - 33 Mineros que Conmovieron al Mundo” del periodista y académico Francisco Leal Díaz, publicado por Editorial Forja y encartado, además, en el matutino “Las Últimas Noticias” y que constituye una obra mayor del periodismo nacional.
Los que estudiamos Periodismo aprendimos que el periodista nunca es noticia. Sin embargo, hay excepciones que confirman la regla, como es el caso del notable trabajo de Ernesto Carmona en su libro “Morir es la Noticia”, donde se da cuenta de los asesinatos y torturas sufridos por trabajadores de la prensa, bajo el imperio del terror entre 1973 y 1990; y esta extraordinaria crónica de nuestro colega Francisco Leal Díaz sobre la odisea vivida por los 33 en las entrañas de la tierra, que indudablemente posiciona a un periodista.
Pero dejemos los formalismos y démonos permiso para conversar con ustedes —amigos lectores— sobre un trabajo de excepción en el ámbito de nuestro quehacer periodístico, desde la emoción sentida al leer un trabajo, que no sólo nos sorprende por la maestría en el uso de las herramientas habituales de nuestro trabajo, como son el manejo de las fuentes; la recolección de los datos o reporteo; la organización de los mismos, de acuerdo a esquemas tradicionales —pirámides y bloques— a la propiedad del lenguaje, sino que nos transporta con fuerza al vórtice mismo de los hechos.
Nos pasea por el desierto —cantado por tantos trovadores populares— nos remite a la masacre de la Escuela Santa María de Iquique o al Run Run se fue p’al Norte, de nuestra sin par Violeta y nos sumerge en un mundo violento, cruel, pero capaz de la más infinita ternura, sólo con pinceladas muy bien dadas al describir, por ejemplo, el clima que reinaba los primeros días del accidente en el Campamento Esperanza. Nos lleva de la mano por el escenario donde ocurren los hechos, con gesto amigable, pero certero. Seguro, pero cómplice. Nos hace correr, pero también nos permite suspirar.
Constatamos con el correr de las páginas que estamos ante un cronista que se inscribe entre los mejores de Chile y América Latina, como son Alonso de Ercilla y Zúñiga, José Martí, Pedro Mariño de Lobeira, Joaquín Edwards Bello y Gabriel García Márquez. Un cronista que no sólo domina el relato, el recuento cronológico de los hechos, creando escenas vívidas, retratando personas y personajes con agudeza sin igual, sino que va entregando —con una impecable precisión— datos y detalles que enriquecen el relato y dan cuenta de su seriedad como periodista de investigación.
Pero junto al relato cronológico del accidente minero más grande de la historia de la minería chilena, nuestro colega despliega —con gran acierto— otros géneros periodísticos, como el informativo, el interpretativo y el de opinión, convirtiendo su narración en un verdadero documento que ameritará analizarse interdisciplinariamente, pues representa una panorámica del ser chileno, un retrato magistral de nuestras cumbres y llanuras como país.
Allí está retratada nuestra compleja idiosincrasia, a la vista del mundo que se conmovió con el temple de esos 33 trabajadores, que son sólo una ínfima porción de los miles de hombres y mujeres que exponen la vida a diario para buscar el pan, en un modelo de desarrollo que ha olvidado que la vida es el centro de todo y debería ser preservada más allá de la búsqueda de tesoros en las entrañas de la tierra o, en la fiereza del océano.
Y este es talvez el valor más grande del libro de nuestro colega y amigo Francisco —Pancho— Leal, que supo retratar con maestría el mundo de los hombres que trabajan Sub Sole o Sub Terra, como nuestro Baldomero Lillo, con sus flaquezas, pero por sobre todo su grandeza y fuerza espiritual, telúrica, rotunda, como la Pacha Mama, logro que hará trascender este relato por sobre varios otros, que sólo privilegiaron lo llamativo, lo inmediato y hasta lo sensacionalista, pues muestra una cosmovisión profundamente humana y respetuosa.
En honor a la verdad, hacía tiempo que no leía una obra tan bien escrita, armada, investigada, amena, profunda y a la vez liviana, que debería ser recomendada por el Ministerio de Educación como lectura obligada para nuestros niños y jóvenes, por la importancia de la minería para nuestro país, la realidad de su contexto, las inhumanas condiciones en que se realizan sus faenas, cuya lectura constituye un pasatiempo delicioso y crecedor.
Definitivamente, un libro que honra el Periodismo Latinoamericano y que está llamado a ser un hito en el ámbito del apasionante género conocido como “crónica periodística”, para las futuras generaciones de comunicadores sociales.
¿A qué tendremos que apelar los chilenos para que tragedias como esta no ocurran nunca más? Es la interrogante que queda más allá de la contingencia y que como país tendremos que responder, si no detenemos esta espiral vertiginosa de un modelo de desarrollo que privilegia buscar sólo el lucro personal, dejando al mercado la suerte de un país que a diario muestra rostros feroces de discriminación, exclusión, pobreza, crueldad, miseria material y humana, delincuencia, especialmente cuando la tierra tiembla o el mar se embravece. O la mina se traga a 33 mineros.
Sofía Toro: Nombre literario de la periodista Sofía Cáceres Bravo, autora de libros como “El diario de un niño”, “Cuentos de mujeres sólo para
hombres”, “Relatos de la Arboleda” —entre otros— y quien ha vivido 23 años en la República Bolivariana de Venezuela.