TOHÁ Y EL SUICIDIO DE EDWARDS BELLO ...

Imagen de Leopoldo Sebastián Martin Ramos

 jOSÉ TOHA  y  SALVADOR ALLENDE

 

 

Tenemos el privilegio de editar un excelente artículo de la periodista

y escritora Sofía Cáceres Bravo, que relata sus primeras incursiones

como reportera de las Noticias de Ultima Hora, y sus  relaciones

profesionales con el Director de ese tabloide, José Tohá González,

a quién describe como el hombre bueno que

"  había dictado-- sin saberlo-- la lección de Periodismo más trascendente

de su vida ”.

 

 

 

 

 

 

He aquí el artículo, para vuestro deleite y satisfacción, en circunstancias tan especiales que involucran a José Tohá González, protagonista del alevoso magnicidio que le engrandece.

 

 

 

“ ESE   19 DE FEBRERO DE 1968

TOHÁ Y EL SUICIDIO DE EDWARDS BELLO.

 

Por Sofía Cáceres Bravo *.

 

El día anterior cuando en entrevista con el entonces director del tabloide Noticias de Ultima Hora, José Tohá, acepté hacer varios reemplazos de periodistas que saldrían de vacaciones, jamás pensé que mi primer reporteo iba a ser en la fuente policial. Después de ir a saludar al jefe de informaciones, Enrique Martini fui presentada a los colegas que laboraban en el  diario. Era la única mujer. Martini me explicó que esa fuente quedaba sin cobertura esa misma tarde, pues el periodista encargado  se iba a  a disfrutar de  su  bien ganado descanso.

 

No lo pensé dos veces y pedí nuevamente  hablar con el director. La entonces secretaria de la dirección, Julita Salazar, una mujer encantadora me dijo " tendrás que esperar, porque está con el Perro"..-- se refería al periodista Augusto Olivares--.y agregó que cuando ambos se reunían a conversar se podían tardar horas.

 

SE MATÓ DE UN DISPARO EN LA CABEZA

 

Me dispuse a aguardar la salida del Perro, un hombre corpulento, pero liviano como la espuma. Cariñoso, llano, pero enérgico y sólido a la hora de defender sus convicciones. Su muerte en la batalla de la Moneda  demostró su fuerza moral.

 

Después de mucho esperar se abrió la puerta de madera y ambos salieron. Don José, altísimo, muy delgado y algo canoso; Augusto mucho más bajo, macizo, con su infaltable guayabera blanca. Fernando Murillo Viaña, ese gran comunicador --  que ejerció hasta pasados los 90 años ,los comparaba -- con picardía con don Quijote y Sancho.

 

 

 

Me adelanté para asegurarme que podría hablar con el director. Me hizo pasar a su austera oficina. " Don José , estoy muy nerviosa, me mandaron a cubrir la muerte de Edwads Bello. Es por la importancia de la persona y por la forma. Se suicidó". Me miró con simpatía. Tenía unos enormes ojos pardos, siempre receptivos, interesados en el entorno. Pero muy especialmente en las personas.  " Se lo pido especialmente, era mi amigo. Y usted viene de la Universidad de Concepción ... por supuesto que será capaz de cubrir este suceso"  Y así categórico, empático y profundamente humano me dio el impulso necesario.

 

        Relatar los pormenores de tan horrible muerte sería innecesario.  Diremos sólo lo esencial: el gran escritor y periodista se mató con un revolver Smith & Wesson, luego de una profunda depresión, generada por una hemiplejia. Ver al brillante cronista  boca abajo, con el cráneo destrozado, bañado en sangre, sin zapatos era superior a todo los aprendido en la Escuela de Periodismo. Pero tenía que mantener la serenidad, para poder enviar por teléfono la noticia, para la edición de la tarde.

 

        A unos pocos metros del cadáver, una señora canosa , de unos 70 años o más lloraba desconsolada. Era doña Marta Albornoz, su segunda esposa. La primera, muerta prematuramente, fue doña Angela Dupuy, de nacionalidad española. 

 

        Marta Albornoz, lucía muy frágil y desamparada en medio de la inmensa habitación de una casona de Santiago Poniente. Si mi memoria no me falla sería  donde termina la calle Huérfanos. La escena era patética. El brillante escritor, hijo de un prominente banquero y de una nieta de don Andrés Bello-- heredero de la fortuna y el genio--yacía inerte en el suelo descuidado, abatido por una bala que percutó  por libre albedrío.

 

        En una entrevista póstuma al poeta Jorge Teillier, para la revista Arbol de Letras le había confesado un sueño, donde primero disparaba a unos ladrones que intentaron asaltarlo y luego con esa misma arma, la Smith  y Wesson, se disparaba a sí mismo.

 

        Doña Marta lloraba. Gemía. Con sollozos del alma..".¿ que voy a hacer yo ahora ?... me quedo totalmente sola...fue tan buen compañero ... estaba sufriendo demasiado, paralítico él que fue un hombre tan activo, tan independiente". No supe en que momento abandoné  mi papel de reportera, para ir a abrazar a la viuda ... mientras afuera cientos de curiosos se disputaban una posibilidad de saber algo más que la escueta noticia de su muerte. Yo fui empujada por ellos, al querer entrar a la casa.

 

Fui la primera periodista en ingresar a la vivienda, sin siquiera haber mostrado credenciales. Pienso ahora que los carabineros apostados a la entrada no pensaron que fuera una profesional. Tenía, en ese entonces, muy poco más de 20 años. Talvez creyeron que era de la familia del occiso.

 

          Me costó desprenderme del abrazo con doña Marta--, para esbozar mi relato del hecho noticioso--porque hasta logré que tomara una taza de té, que me atreví a prepararle.

 

          Recordé entonces la petición especial de don Pepe, así llamaban cariñosamente al director del diario, como también su voto de confianza y tomé el teléfono público, para informar a mi superior de los pormenores del suceso ... sigue ...

 

MAESTRO DE PERIODISMO.

                                                                                                                                                               S

Fue una mañana densa y difícil. El sol del verano caía a plomo sobre la ciudad, que a esas alturas del verano lucía menos congestionada que los meses anteriores. Yo sentía una extraña opresión en el pecho. Me dolía la muerte de este gran escritor nuestro, en medio de la enfermedad y la pobreza. También , culpable por haber dejado  de lado esa " objetividad " con que nos habían envenenado el alma en los años de estudios. Y por haberme ocupado  tanto de la viuda ... tenía que decírselo a don Pepe. Porque talvez mi crónica sería inferior a la de nuestro competidor de la tarde. Para que comprendiera, si faltaban algunos datos, si no respondí acertadamente a  las cinco interrogantes básicas del Periodismo.

 

       Había sido mi primer reporteo a nivel profesional. Antes, sólo la práctica en otro medio, muy liviana. Porque era eso, una práctica. Pero esto era una prueba de fuego. Dependía mi posible contratación en ese medio, con cuya línea editorial me identificaba plenamente.

 

        Enrique Martini, me hizo algunas observaciones, muy oportunas, pues es un gran periodista. Pero el director ... pedí hablar con él. Al ver su afable rostro sentí que la nota enviada había sido correcta.  Sin embargo-- y en honor a la honestidad personal--no pude callar mi acercamiento fraterno a la viuda del escritor. Le conté todo. Como me sentí al verla tan desamparada, tan herida, tan frágil sentada en el viejo sillón en la también vetusta casona. Le conté del abrazo inmenso. Del té que le hice y que la obligué a tomar. De mi lucha entre el reporteo y los sentimientos; de la obligación de informar y del deseo de contener. Todo.

 

         José Tohá se paró de su asiento y comenzó a caminar con largos pasos y largas piernas por la oficina. Aún recuerdo su chaqueta Príncipe de Gales, gris, y su corbata negra. " No es fácil ser mujer y periodista, Sofía. El mundo fue hecho por los hombres, para los hombres. Pero hay que cambiarlo, porque es un mundo agresivo, violento. Un periodista-- sea hombre o mujer-- jamás debe olvidar que es un ser humano, acallar sus sentimientos. Más bien, creo que jamás debe perder su humanidad. No se sienta mal por haberse conmovido con lo que vivió. No pierda nunca la sensibilidad".

 

           Volvió a sentarse. Usted hizo bien." Reporteó todo. Pero también fue solidaria. Creo que esa es la ecuación perfecta para hacer un periodismo  nuevo". José Tohá González  había dictado-- sin saberlo-- la lección de Periodismo más trascendente de su vida.

 

 

(*)  La periodista y escritora, usa  el nombre literario de Sofía Toro, autora de  “ CUENTOS DE MUJERES SÓLO PARA HOMBRES ”.  

 

Fotografias de Luis Arnez Montiel

José Tohá González y Salvador Allende G.

Sofía Cáceres Bravo ( en la época de su reportaje ).

        

 

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