Los cementerios laicos son una resultante de una lucha de poderes que se vió concretada en la práctica, 35 años antes de la constitución del 25; la separación de la Iglesia y el Estado llegaba a su último día de matrimonio, y le costaría la vida al recordado presidente José Manuel Balmaceda; y no es que no existieran los cementerios antes del 1890, sino que la Iglesia los consideraba no sacros.
Historia hay por montones y la memoria no escrita nos puede contar novedosos cuentos de insepultos e iglesias hediondas por los entierros en época de verano, la insalubridad llegaba a su término y la modernidad también entraba en el plano de la sacralidad. En Chillán, pasaba lo mismo, el Cementerio de los Disidentes al oriente del ahora Hospital Clínico era el espacio de descanso de los no católicos; judíos, protestantes y ateos, los cristianos católicos seguían sepultándose en los cementerios parroquiales y en sus mismos templos, jerarquizados por su cuna, obvio, entre más plumas, más cerca del altar. Desde esa época nuestro Cementerio Municipal abrió sus puertas, se elimina el antiguo cementerio “mal llamado Alemán” de un plumazo, se trasladan lápidas y tumbas al nuevo, claro que se les olvidan los esqueletos, que hasta mediados de los 80, seguían descubriéndose, pero había que quedar calladitos porque las nuevas constructoras no les convenía que se hablara de este tema.
Hoy al pasear por nuestro Cementerio Municipal, con una historia de 100 años, no deja de ser interesante, ya dejó el terremoto su mañosa intervención, cayeron añosos mausoleos y los pocos que quedaron se reconstruyeron o arreglaron, testigo de su historia es su parque, con añosos y hermosos árboles, tumbas que nos enseñan los diferentes períodos de los estilos arquitectónicos-artísticos y el Parque Memorial a las víctimas sin nombre del terremoto de 1939.
Con tan interesante historia, ¿creen Ustedes que los artistas enterrados en este Cementerio, son sólo Claudio Arrau, Ramón Vinay, Marta Colvin,y Eduardo Parra? Si fuera así, seríamos una ciudad muy pobre en cultura, pero mañosamente escarbamos en sus nombres y obras, como aferrándonos a lo único que nos queda.
Chillán fue construída también por los artistas del silencio, aquellos que construyeron en la esquina “deste” esquivo pueblo un pilar que todavía esta en pie. Vayan para ellos y tantos otros…que por omisión de memoria u olvido de los que escriben la historia un recuerdo y homenaje. A la memoria siempre venerada de los que están al otro lado del río, y que en silencio partieron y sus honras las ha borrado el tiempo; Baltasar Hernández (acuarelista, escritor), Helga Yufer (pintora y Escultora), Virgilio Caprile (acuarelista), Tomás Lago (Ensayista), Enrique Gajardo Velásquez (Dramaturgo), Benjamín Velasco Reyes (Poeta), Gumersindo Oyarzo (Pintor-acuarelista), Edilberto Domarchi (poeta), Vicente Aciáres (Poeta), Otto Schaeffer (Músico), Carlos Junge (Poeta), José del Canto (Músico), Francisco Maruri (Músico), Alfonso lagos Villar (ensayista / Premio Nacional de Periodismo), Corina Morales de Schaeffer (Músico), Luis Antini (Musico), Alfredo Cabrera Urrutia (Músico), Germán Müller (Músico), Raúl Cabrera Gómez (Músico), Eulogio Fuentes (Músico), Cristian Bravo ( Pintor) y tantos y tantos otros que pido disculpas por no saber sus nombres.