El “Divino Niño Jesús de Praga”y su devoción en Chile
“Cuanto más me honréis, más os favoreceré”
Desde que a fines del siglo IX los Carmelitas se establecieron en Sudamérica, la devoción al Niño de Praga ha prendido con fuerza en todas estas naciones. De prodigiosa y muy milagrosa califican los historiadores esa devoción.
La leyenda
Todas las cosas tienen un poco de leyenda y también la imagen del Milagroso Niño Jesús de Praga tiene la suya, y muy bella por cierto. Allá por el final de la Edad Media , entre Córdoba y Sevilla, al sur de las márgenes del Guadalquivir, hay un monasterio famoso, lleno de monjes con largas barbas y ásperas vestiduras. Después de una incursión de los moros que pueblan la zona, queda reducido a ruinas, y solo cuatro monjes se salvaron de la catástrofe. Entre ellos está FRAY JOSÉ DE LA SANTA CASA , un lego con corazón de santo y cabeza y manos de artista, pero -sobre todo- con un amor desbordante a la Santa Infancia de Jesús. En cualquier oficio que la obediencia le mandase, se le encontraba infaliblemente entretenido, pensando y hablando con el Niño Jesús. Un buen día, Fray José está barriendo el suelo del monasterio y, de repente, se le presenta un hermoso niño que le dice: -¡Qué bien barres, fray José, y qué brillante dejas el suelo!. ¿Serías capaz de recitar el Ave María?. -Si.-Pues, entonces… dila.
Fray José deja a un lado la escoba, se recoge, junta las manos y con los ojos bajos comienza la salutación angélica. Al llegar a las palabras "et benedictus fructus ventris tui" (y bendito el fruto de tu vientre), el niño le interrumpe y le dice: ¡ESE SOY YO!, y en seguida desaparece. Fray José grita extasiado:-“¡Vuelve Pequeño Jesús, porque de otro modo moriré del deseo de verte!”. Pero Jesús no vino. Y Fray José, seguía llamándolo día tras día, en la celda, en el huerto, en la cocina...en todas partes. Al fin, un día sintió que la voz de Jesús le respondía: -"Volveré, pero cuida de tener todo preparado para que a mi llegada hagas de mi una estatua de cera en todo igual a como soy". Fray José corrió a contárselo al padre prior, pidiéndole cera, un cuchillo y un pincel. El superior se lo concedió y Fray José se entregó con ilusión a modelar una estatua de cera del Niño que había visto. Hacía una y la deshacía, para hacer otra, pues nunca estaba conforme, y cada una que hacía le salía más bella que la anterior, y así pasaba el tiempo, esperando que regresase su Amado Jesuscito. Y por fin llegó el día en el que, rodeado de ángeles, se le presenta el Niño Jesús, y Fray José en extásis, pero con la mayor naturalidad, pone los ojos en el Divino modelo y copia al Niño que se tiene delante. Cuando termina y observa que su estatua es igual al Sagrado Modelo, estalla en risas y llantos de alegría, cae de rodillas delante de ella y posando la cabeza sobre las manos juntas, muere. Y los mismos ángeles que acompañaron a su Niño Jesús, recogieron su espíritu y lo llevaron al Paraíso. Los religiosos enterraron piadosamente el cuerpo del santo lego y con particular devoción colocaron la imagen de cera del Niño Jesús en el oratorio del monasterio. Aquella misma noche Fray José se apareció en sueños al Padre Prior, comunicándole lo siguiente: "Esta estatua, …hecha indignamente por mi, no es para el monasterio. Dentro de un año vendrá Doña Isabel Manríquez de Lara, a quien se la daréis, quien a su vez se la entregará a su hija como regalo de bodas, quien la llevará a Bohemia y de la capital de aquel reino será llamado Niño Jesús de Praga, entre los pueblos y naciones. La gracia, la paz y la misericordia descenderán a la tierra, por El escogida para habitar en ella; el pueblo de aquel reino será su pueblo, y El será su PEQUEÑO REY".
Y, efectivamente, al año en punto, doña Isabel Manríquez de Lara, en un viaje de recreo por la zona, topó con las ruinas del monasterio, y el prior, ya único superviviente, le entregó la imagen del Niño Jesús, contándole su fascinante historia. La dama llena de alegría, retornó a su castillo de Sierra Morena, muy cerca de Córdoba. Y aquí la leyenda deja paso a la Historia.. .
El milagro en Chile
El más famoso de los milagros ha sido la curación repentina de la señora Rosa Fernández de Ruiz-Tagle, tía y madrina de Sor Teresa de los Andes. Por estar imposibilitada desde varios meses, hizo desde su casa la novena, y el 29 de octubre de 1916, día de la fiesta y procesión del Niño Jesús, se hizo llevar a la iglesia de los Carmelitas. Ya en ella, rezando con gran fervor, sintió que su pierna se deshinchaba repentinamente y, al grito de “estoy sana, sana”, se levantó con asombro de todos y comenzó a caminar sola. Desde entonces volvió a llevar su vida ordinaria, como si nunca hubieran estado enferma.
La encantadora imagen del Niño Jesús de Praga que allí se venera es copia fiel de la primitiva, y buena prueba de su cumplimiento lo demuestran las cerca de 2.000 placas de bronce que recubren la pared del costado del Santuario, dando testimonio de los incontables favores que El reparte desde su trono de Santiago, en la Iglesia de los PP. Carmelitas de Santiago, en Independencia esquina Borgoño. Parroquia “Milagroso Niños Jesús de Praga”