
A continuación, a modo de trabajo en curso, se presentan las ideas sugeridas de la lectura del libro de Karen Armstrong, Breve historia del mito, Navarra, Salamandra, 2005, 158 p. (Mitos Universales). Estas notas corresponden a la tercera parte del libro en preparación titulado Manuel Rodríguez: símbolo de Chile, realizado en colaboración con Víctor Rojas Farías.
Esta autora señala que, en sus orígenes, «el mito casi siempre está enraizado en la experiencia de la muerte». Esta relación entre el surgimiento del mito y la muerte, en particular la muerte violenta, tiene cierta recurrencia al momento de explicar la permanencia o la relevancia en la ‘memoria colectiva’ de la figura de Rodríguez. Desde una lectura conservadora, dicha relación busca disminuir la importancia de Rodríguez, precisamente por la circunstancia de su muerte (véase Encina, Edwards Bello, Villalobos). Sin embargo, cabría precisar, incluso, el carácter de dicha muerte violenta: Prat también muere de manera violenta, pero ello no lleva a estos autores a señalar que en su caso existe la configuración de un mito. Por otro lado, habría que indagar hasta qué punto, en el relato que realiza la izquierda al respecto no priman las consideraciones propias del imaginario judeo cristiano, en lo que dice relación a la aceptación favorable que se realiza del martirologio, en particular de los líderes o héroes que la izquierda considera como ‘propios’.
También señala Armstrong que normalmente «la mitología va unida a un ritual. Muchos mitos no tienen sentido fuera del ámbito de un drama litúrgico que les da vida, y resultan incomprensibles en un contexto profano».
Esta cita implica dos problemas, el primero es que no pareciera existir una consideración clara entre los conceptos de mito y mitología (algo que veremos en otros autores, como en el caso de William W. Savage).
El segundo es interesante. Varios autores señalarán que, para la existencia de un mito, es necesaria la concurrencia de un rito. Por cierto, el carácter ritualístico del mito es considerado en su dimensión religiosa, no pareciera pensarse en la posibilidad de la existencia de un mito laico, el cual requeriría -por cierto- de una ritualidad laica.
De lo anterior será necesario reflexionar si es posible: a) la existencia de un mito sin rito; b) la existencia de un mito laico. En el caso de Rodríguez, si se acepta que su rememoración constituye un mito habría que identificar las instancias de ritualización o bien discutir si es posible, considerando la laicicidad del personaje, que dichas instancias pueden estar ausentes. Es necesario considerar que, hasta donde sabemos, existen solo dos espacios de ritualización referidos a la figura de Rodríguez. Ambos están asociados a la fecha de conmemoración de su asesinato y corresponden a los actos oficiales que se celebran en San Fernando y Til Til. Podemos anticipar algunos elementos comunes de estas actividades: son convocadas de manera indirecta por el Estado, a través de las instancias de poder político local (municipalidades), cuentan con la participación de representantes de otros poderes del Estado, como las fuerzas armadas y carabineros, así como de la iglesia, y diversas organizaciones civiles. Estas conmemoraciones se realizan incluyendo rituales diversos: cívicos, militares y religiosos.
Ocasionalmente, se realiza otro ritual en el monumento de Blanca Merino (revisar la bibliográfica, en particular la revista Nuestro Chile). Ignoro si se realizan rituales en el Cementerio General y sería de sumo interés averiguarlo.
Aparte de esta ritualística, no parecieran existir otros espacios de representación simbólica que le pudiesen dar al ‘mito Rodríguez’ una dimensión levemente cercana a la litúrgica.
Sería interesante pesquisar algunas instancias de recordación que surgen a nivel particular, como las cartas al director, mediante las cuales los lectores de algunos medios de comunicación buscan llamar la atención sobre la fecha que se asocia al espacio de recordación de Rodríguez, esto es, el día de su asesinato.
Aún así, si se consideran todas estas formas de rememoración de la figura de Rodríguez, y que se aceptase el hecho de que cada una de ellas y todas por igual pueden constituir la realización de una dinámica ritual que buscase la mantención, la permanencia del ‘mito Rodríguez’, es imposible proponer que esta ritualística pudiese tener alguna significación a nivel nacional: son espacios rituales muy acotados, tanto física como temporalmente, de tal manera que no se podría afirmar en absoluto de que en Chile existe un espacio ritual en donde la ‘comunidad nacional’ realiza una ‘liturgia laica’ en pos de la mantención y desarrollo del ‘mito Rodríguez’.