De cómo Sonia aprendió a hacer el pan…

Imagen de Pablo Alberto Saavedra Ortiz

Ya han pasado cuatro días. En Talcahuano se hacen colas para comprar las cosas, no hay supermercados que algo les quede, entonces, solo están los pequeños almacenes y negocios dispersos por el barrio que abren de tarde en tarde, algunos con viveza suben los precios, otros, solo piensan en sus vecinos y en que no les falte nada. Se hacen filas para poder ver lo que hay, y que a algunos les trae muy malos recuerdos, una vez llegado adelante se ve que queda y que se puede comprar, un negocio tras otro y por varios días. Fue en esas filas que Sonia mientras esperaba pensaba…por que nunca aprendí a hacer pan…por que no le hice caso a la abuela…y ahora que hago?...en la misma fila o quizás en otra Don Manuel se preguntaba lo mismo, y sobretodo ahora que esta solo, su mujer en el norte y sus hijos en sus propias vidas muy lejos…fue como a eso de las tres de la tarde y mientras coincidían en la misma fila que Sonia balbuceo para ella, pero con la secreta intención de ser escuchada por alguien -ojala que quede harina…el único problema es que no se hacer pan…!- Y sonrió…dos puestos mas atrás, Manuel exclamó -yo tampoco- entre ambos una mujer preguntó -¿de verdad?- no saben hacer pan? Yo les enseño-. Mirarse y sentir un confundido alivio fue uno solo.

Una vez comprada la harina, la manteca y la levadura partieron a casa de la mujer tal como parten dos niños a la escuela que en el día aprenden algo que les servirá para toda la vida. Cuando llegaron a la casa, se dieron cuenta que esta era una victima mas del mar, la salada avalancha de agua y Dios sabe que cosa mas, dejo una marcada franja a poco mas de un metro de la casa…solo había allí un gran mesón con muchas cosas arriba. Con un ademán la mujer despejó un cuarto de la gran mesa y comenzó, -ya- dijo, -primero, con dos tazas de harina y un poco de agua tibia se prepara la levadura y se deja por media hora, hasta que “suba”. Ahora, se mezcla esta “masita” con 4 tazas de harina, medio pan de manteca, una pizca de sal y si tiene, un huevo…se amasa todo, se hacen unos “bolitos” y se dejan reposar por media hora, luego, se aplastan los bolitos y se pinchan con el tenedor, se echan al horno, veinticinco minutos y se dan vuelta otros cinco minutos y ya esta..…-ve? Aprendieron?...-ya- ahora se llevan su masa y lo terminan en sus casas…- y así fue como Sonia y Manuel llevaron la masa envuelta en un mantel a sus cocinas y concluyeron la hermosa misión de fabricar el pan. Esa tarde, Sonia dio a sus hijos y a su marido la “once” más deliciosa de toda la vida…y Manuel, solo pero con el recuerdo de los suyos, pensaba en lo orgullosa que se sentiría su mujer al verlo. Del nombre de la mujer no se acuerdan, al parecer nunca lo dijo, de ella no han vuelto a saber…Solo les contaré que hace unos días visite a mi Madre en Hualqui, y luego de probar un trozo de pan amasado que apareció en la mesa, me contó esta historia de cómo la Tía Sonia por esos dias revueltos había aprendido a hacer el pan.

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Comentarios

Imagen de Cecil Guillermo Reiman Campos

Pablo que interesante tu

Pablo que interesante tu historia, la de muchas de nuestras compañeras que en aquellos aciágos días tuvieron que hacer verdaderas hazañas para contar con este vital elementos; algunas salieron a la calle a buscar algún lugar donde comprar los insumos, como harina, levadura, pero no habían negocios abiertos y si lo habían vendían a precios especulativos, es la verdad, pero que bueno es contar con vecinos que se ayudaron entre si. La necesidad hace milagros en este caso. Gracias por tu historia. Cecil

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