El Héroe del día a día ( Relato desde los ojos de un estudiante de la Octava Región )

Imagen de Eitel Andrés Placencia Muñoz
 
          Los viajes desde el Gran Concepción a Tomé, son una odisea diaria. Después de una jornada entera de clases, hambre, sueño, y el cansancio que produce automarginarse por simple gusto, me embarco en una nave de singular apariencia, fea por fuera y aun más horrible por dentro. Dice el cartel: Tomé-18 de Septiembre (como tambien podría decir Itaca-Isla centro) y el viaje de vuelta al añorado hogar comienza.
         Poseidón-chofer está enojado, lo cual es entendible pues ha estado trabajando desde las 6 de la mañana, yendo y viniendo sin parar, y aun no ha tenido tiempo para ir al baño tranquilamente. El viaje no será fácil. En cada isla-paradero suben tripulantes de distintas etnias, hippies-magos, Pelolais-ninfas, Flaites-guerreros, y demases (que no podría clasificar irónicamente, sin de paso insultar). Todos llevan un destino diferente, la mayoría tiene su propia Itaca y una Penélope esperando ansiosa su llegada, pero no se escaparán de enfrentar al desagradable y sucio Polifemo, quien después de haber identificado a todos los estudiantes usando su único, pero poderoso ojo, se acerca a cobrar el pasaje. Al encontrarnos yo y mis anónimos compañeros de tripulación en tal situación, e incapaces de cegarlo (por razones obvias) recurrimos igualmente al truco de escondernos bajo las ovejas, que desde hace casi dos años son de un feísimo color rojo (y la maldita foto tomada a la rápida, que aun ni piensa en borrarse). El truco sirve para pagar menos, pero varios mueren en el intento. Polifemo los acusa de no tener su oveja al día, o que el comprobante de matrícula ya no es válido...

...obligados a pagar con su vida, pasaje completo.

La Aventura sigue. El paisaje se torna agradable, pero no engaña a nadie, todos sabemos lo que nos espera: Las curvas más peligrosas (no se malinterprete) a la salida de Lirquén, donde Escila y Caribdis corren a toda velocidad en sentido contrario, tratando de destrozar nuestra humilde y destartalada nave. Al pasar la tormenta, comienzo a reparar en el dulce e hipnotizante canto de las sirenas (en formato mp3) deleitandome con versiones de Pink Floyd y Emerson, Lake and Palmer. Comienzo a caer en el sueño, me aferro al mástil más cercano (generalmente el de la pisadera) y hago hasta lo imposible por no quedarme dormido, la música es dulce, pero como el Ulises de la historia, salgo adelante. Los vientos de Eolo comienzan a quemar combustible y el viaje se acelera.

Hace un tiempo atrás, antes de terminar mi viaje, me detenía a visitar a la inmortal ninfa Calipso-polola, quien trataba de retenerme con sus encantos, ahora, nos saltaremos esa parte (la cuestión de la vida privada, aunque es un poco obvio).
Mientras tanto en mi hogar, Los Pretendientes, valga la redundancia, pretenden comerse el pan de mi once! mi dulce Penélope-madre los mantendrá alejados, pero no por mucho...
La noche ya cae y, junto a ella, llega el término de mi viaje. Desembarco, y cual Telémaco, mi perro sale a encontrarme moviendo frenéticamente su cola choca. El recibimiento es cálido, los pretendientes no se han comido nada aún, y mi querida Penélope me sirve comida cariñosamente, como solo una madre lo hace, mientras escucha en silencio los relatos de mis insignificantes mini-odiseas.

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Comentarios

Imagen de Darwin Luis Rodríguez Saavedra

Muy buen uso de la metáfora

Muy buen uso de la metáfora iliaca para dar cuenta de la realidad de esos viajes que me penan desde los comienzo de las micros, en la décda del los 60 del siglo pasado. Los mismos choferes, los mismos auxiliares, que llegaron aser, chofres y aquellos, algunos, empresarios.

Y los estudiantes d eentonces, algunos profesionales y acomodados se olvidaron que fueron terneras, indiferentes en sus volantes, no miran a las nuevas generaciones esperando en als esquinas, con la misma hambre y el frío de antaño.

Tuertos de todos los tiempos, desde Itaca hasta la plaza y Tomé Alto, desde los gloriosos tiempos de la UP, hasta los conversos hijos de obreros en 4 x 4 y piñeristas.

 

Imagen de Darwin Luis Rodríguez Saavedra

Muy buen uso de la metáfora

Muy buen uso de la metáfora iliaca para dar cuenta de la realidad de esos viajes que me penan desde los comienzo de las micros, en la décda del los 60 del siglo pasado. Los mismos choferes, los mismos auxiliares, que llegaron aser, chofres y aquellos, algunos, empresarios.

Y los estudiantes d eentonces, algunos profesionales y acomodados se olvidaron que fueron terneras, indiferentes en sus volantes, no miran a las nuevas generaciones esperando en als esquinas, con la misma hambre y el frío de antaño.

Tuertos de todos los tiempos, desde Itaca hasta la plaza y Tomé Alto, desde los gloriosos tiempos de la UP, hasta los conversos hijos de obreros en 4 x 4 y piñeristas.

 

Imagen de Cecil Guillermo Reiman Campos

Eitel: Se nota que te

Eitel: Se nota que te aprendiste muy bien tu tarea de leer La Iliada, pero encontré muy bién esa mezcla de las aventuras y desventuras de los estudiantes, de la lejana Itaca, donde este Rey Poseidon les manda estos Polifemos con su jerigonza a lo mejor del perrito de Lipigas, que es mucho más simpático. Shiaaaaa! Me pareció bakan. Cecil

Imagen de Julie Placencia Gatica

Hola, Eitel! Bienvenido a la

Hola, Eitel!

Bienvenido a la Comunidad de Contenidos Locales!!!

Te felicito por tu artículo en donde mezclaste en forma genial tus aventuras (y desventuras) del diario vivir como estudiante tomecino y los personajes mitológicos.

Espero seguir leyendo más de tus artículos. Seguimos en contacto!

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