Cuando yo era chica no había Día del Niño (o sea, no soy tan vieja). El único día especial en el año, era la Navidad y el Cumpleaños; en esos momentos, éramos el centro de atención. Tengo dos hermanos. Vivíamos en el campo; así que los tres, cuando no íbamos a la Escuela -obvio, una Escuela de campo- nos encargabamos de hacer todos los días un día genial; la principal entretención era correr por los potreros, buscar bichos, bucear en el canal para descubrir los nidos de los patos o subirnos a los árboles, solo para sentirnos más altos. Éramos niños. Cuando regresábamos a la casa, mi papá nos acompañaba a almorzar. La mesa era presidida por mi abuelita paterna. Al lado derecho se sentaba su hermana, tan abuela como ella; al lado izquierdo, su nieta mayor. Yo. Y desde ahí se desgranaba la prole, nana incluída, hasta el extramo siguiente, donde estaba mi papá. Mi mamá era profesora con 44 hrs., por lo que almorzaba en el Liceo donde hacia clases.
Por las tardes leíamos o jugábamos, hasta que llegaba mi mamá en la micro de las 17.00. A esa hora mis abuelas ya estaban tomando te y nosotros comenzábamos a hacer las tareas en la mesa roja plegable, frente a la chimenea. Cuando concluíamos, tomábamos onces: pan con dulce de mora que mi mamá había hecho en el verano, miel del campo de mis otros tatas y paltas, todo con tecito de hoja remojado (la leche era a las cinco y la hacía mi papá, en mamadera, aúnque fueramos bien pailones) y pancito tostado en la estufa a parafina. Depues, mientras mi mamá revisaba pruebas y mi papá arreglaba alguna cosa o sacaba un puzzle, nosotros jugábamos "Memorice" o algo similar, siempre cerca de los adultos.
Luego nos bañaban y a acostarse. A veces nos íbamos a la pieza de las abuelas y nos metiamos en sus camas, entonces ellas se turnaban para contar cuentos. El del monito que le robaba el sombrero al vendedor, el del cuero, o alguno de Pedro Urdemales, que a mis hermanos les gustaban mucho. Nos acurrucábamos bien tapaditos y nos quedábamos dormidos. Mi papá nos llevaba a nuestras respectivas camas, pero éramos felices pensando que dormiamos con las abuelitas.
Recuerdo que teniamos varios juguetes, pero siempre terminábamos jugando en las bicis o con palos y piedras y ramas que convertíamos en cualquier cosa. O con el "Buggi" de mis hermanos, en el cual las carreras eran interminables... claro, y siempre ganaban. Soporte vital para nosotros eran las abuelas, que nos rescataban de los retos por alguna tonterita o una mala nota y nos entregaban un anmor infinito, dulce, amable, lleno de sabiduría. Un amor con olor a polvos talco y colonia inglesa, que tanto me hace falta hoy en día.
Cuando mis abuelas envejecieron, la familia cuidó de ellas. Pero me refiero a familia con mi padre, mi madre, mis hermanos y mi nana. El resto lo hacía sólo por carta. Mi madre le cambiaba pañales a mi abuela, su suegra, con amor y gentileza. Mi padre le daba comida molida, de a cucharaditas, poquititos. Mis abuelas murieron de algo mas de 100 una y de 92 la otra. Mi mamá todavía las llora.
Se acerca un nuevo día del niño.... que regalar?. Un buen ejemplo, cotidianamente, como lo hace mi madre. Un infinito amor demostrado fehacientemente, como lo hace aún mi padre. Regalemos cosas imperecederas.
Regalemos recuerdos que nos llenarán de alegría el resto de la vida... El Resto de la Vida!!.. se dan cuenta que ese es el mejor regalo??
Regala tiempo. Regala una buena palabra a tus padres que ya son ancianos; tu también arrastrarás los pies o te orinarás encima. Regala un rico almuerzo preparado en casa; el mall no es la extensión de tu cocina. Enseñale a bordar a tu hija o a repara algo a tu hijo, se sentirán útiles y apegados a ti.
Si quieres, cómprale un juguete, pero recuerda que el nido donde crecen los mejores recuerdos, es la familia. Y si puedes, haz un esfuerzo y ponte en la buena con tu (s) papás y regálale un abuelo. No hay nada mejor en la vida de un niño.