TRADICCIONES Y PERSONAJES

Imagen de Cecil Guillermo Reiman Campos

Cuando leo acerca la historia de algún lugar de Chile, solo siento un poco de nostalgia de aquellos tiempos idos, los tiempos de aquella época romántica, los que por la ciudad circulaban aún los carros eléctrico, los coches tirado por caballos, de las góndolas, de los camino de tierra, los viajes en carreta para ir a lavar la ropa a la laguna de las “Tres Pascualas” en Concepción o ir a mariscar a Talcahuano, los paseos a las afuera de la ciudad de picnic.

Recuerdo que los domingos eran sagrados de paseos para la familia, donde cada uno lucia sus mejores galas. El lugar del galanteo, el lugar de encuentro del pololo con la polola, para invitarla a tomarse una aloja, los mayorcitos una bidú, al Claramunt o al Palet en Concepción.

En mi ciudad Chiguayante se perdió parte de esas tradiciones con la llegada de la tecnoogía. Los domingos familiares, los viajes al correo a buscar la correspondencia de las relaciones, de las lecciones de la National School, también se fue en aquellas nebulosas del tiempo nuestro cartero Tiberio Torres, el que nos alegraba o nos entristecía el día con las cartas que traía y con su silbido caracteristico. Las telefonistas las que en una pequeña mesa con muchas clavijas nos conectaba con otras personas, con esos teléfonos pegados a la pared y tenía que girar muchas veces al magneto y luego pegarnos al oído esa pequeña bocina.

Los pitos de la fábrica de Tejidos Caupolican con sus diferentes llamados a los trabajadores de sus turnos y términos de sus jornadas.

Los campesinos que venían del campo a vender sus productos en carretas, ya la “Pitarrilla, la Chicha de uva”, el carbón vegetal.

La Carretela repartidora del pan de las panadería “Modelo” y  “San José” con su característica marraqueta pegada  en ambos lados.

El que más recordado para la gente de Hualqui, Chiguayante, Concepción y Talcahuano es el Ten Local. Tocaba una “Prevención” para despertar muy temprano a los hualquinos que debían viajar, luego venía un segundo toque y el tercero era para la salida. Sus paradas, La Araucana, Periquillo, Homerhuet, La Leonera, Manquimavida, El Polígono, Chiguayante, Colon, Schaub, etc., etc.

Pero el tren, el mas necesario, el que nos unía casi con todo el sur de Chile, aunque nos seleccionaban en clases sociales, como no recordar "El Valdiviano", el "Local" "El Borracho", "El Temucano", "El Curicano", "El Valdiviano", "El Expreso", "El Flecha", "El Nocturno", los trenes de ida y vuelta que recorrían nuestras trochas anchas en el ramal de Concepción, hoy una ley, una miopía, mantiene estas trochas abandonadas, tal como sucedió con el Tranvía, los troles, los coches. Cuando en otras latitudes aún se conservan, aquí en Chile son solo recuerdos, chatarra, maderas podridas y sus conductores con melancolía hacen recuerdos de su medio de trabajo.

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