TÚNELES DE SAN FELIPE

Imagen de mario enrique martinez leiva

 

         Bajo la plaza de San Felipe, en el centro más oscuro del valle, un monje perdido en el tiempo espera el rescate divino. Bajo la plaza de San Felipe este monje repite su plegaria como un ciego frente al universo despoblado. Nadie sabe de su respiro, está perdido y olvidado en medio de los túneles de la ciudad.

         ¿ A qué túneles se refiere ? Pensaran en su interior ustedes.

         ¿ De qué nos habla hoy Lautaro Condell ?

         Desde la parroquia del buen pastor, bajando las escalinatas ocultas tras el altar, recorrí junto a mi amigo los antiguos túneles que conectan hasta hoy la catedral y el obispado con el resto de los templos católicos, que aunque ya algunos desaparecidos, se erigían dentro de las cuatro alamedas de San Felipe.

         Claro pues, si yo mismo estuve ahí. Yo Lautaro Condell, me sorprendí de la belleza de aquellas rutas intrincadas y silenciosas. Y fue justamente el padre que hoy reclamo, quien me mostró cada uno de los pasajes de los cuales hablo.

         Señores, ¿ acaso nunca han percibido una presencia misteriosa bajo la tierra sanfelipeña ?

         ¿ Jamás han oído los sonidos de ultratumba, los pasos arrastrados desde la propia tierra ?

         Aún más. ¿ nunca se han encontrado al final de sus patios con alargados cajones de madera, verdaderos pórticos que invitan a su exploración inmediata, pero que con el pasar de los días se han perdido bajo los escombros y demases pertrechos hasta desaparecer ?

         Hoy pido por el rescate del cura olvidado, aquel que fue pobre y casi con los pies desnudos amaba y transitaba con la cara de un vagabundo pregonando un evangelio universal, una palabra borracha a veces, pero en extremo sabia, ESE SACERDOTE PRECOLOMBINO, PICUNCHE.

         Él está prisionero bajo la plaza sanfelipeña y su canto se confunde con el canto del agua subterránea.

         Es el tiempo de revivir su plegaria.

 

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