EL JUDIO
Pensé mucho tiempo de que oficio olvidado podría escribir, pienso en la canción de Víctor Jara “El hombre es un creador,” es la figura de mi padre que llena mi pensamiento y su oficio. Mecánico de maquinas de coser el letrero que ostentaba a la entrada de la casa de la Calle Balmaceda en Chiguayante, en la década del 50 y que decía Taller mecánico “El Judío”
Nadie podría creer que aquel invento de Elías Howe sería tan importante para el desarrollo de un oficio, que fue también importante para tantas dueñas de casas que hacían sus propias costuras o para tantas costureras que trabajaban con estas maquinitas “Vencedora, Singer, Husqvarna u otras marcas. Lo recuerdo en su taller en los bancos entre cajones con tuercas, tornillos, pequeñas lanzaderas, herramientas de todas clases, piezas de metal oxidadas por el tiempo, maquinas de coser, Victrolas. Muchas veces le vi en su taller tardes enteras, limpiando maquinas para extraer el aceite de comer con que la habían lubricado, otras veces ajustándolas porqué cortaba el hilo, otras porque la lanzadera no funcionaba o le habían adaptado piezas. Esas maquinitas de mano que algunas eran muy ruidosas, con la llegada de una mayor tecnología, empezaron a escasear los repuestos, ya no los había en Concepción. Mi padre, un día me pidió que buscara lanzaderas en Santiago, en una servicio técnico en la calle San Diego, pero, no tenía. Me fui a la Feria Persa del Mapocho con la esperanza de encontrar, pero no habían; finalmente en una feria que se instalaba cerca de ahí, las encontré. Esa fue la última vez que lo vi activo, ya que sufrió una parálisis.
Hoy cuando han pasado años de su muerte me preguntan mucho sus antiguos clientes si hay alguien en mi familia que sepa arreglar maquinas de coser. Solo respondo que nadie. El le bastaba mirar y escuchar a su dueña y ya sabía el defecto. Otras de los aparatos que llegaron mucho a su taller fueron las famosas victrolas, ya por el corte de sus cuerdas, ya con engranajes malos o simplemente no funcionaban.
Nacido en la ciudad de Cunco de la Novena Región, hijo de una humilde mujer, llavera de la Sucesión Luis Silva Rivas, abandonada por su marido decide traerlos junto a dos hermanos pequeños a Concepción. A temprana edad abandonó la escuela para trabajar, fue ayudante de albañil cuando apenas se podía un ladrillo, repartidor de pan y finalmente obrero textil es en esta época ante la necesidad empieza a tomar cariño con los fierros, y se hace mecánico de máquina de coser, su profesión que llega a ser conocida mas allá de los limites de mi ciudad por quienes importaban maquinas de coser de pie o eléctrica, ya para armar, mantención o revisar casos complicados.
Muchas son las anécdotas si así se puede llamar. Cierto día la señora de un médico le llamó aconsejada por la dueña de una casa comercial. Le advierte a la asesora que no le pierda de vista a este hombre, ya que estos son todos unos pillos o ladrones. El judío miró la maquina y vio que solo tenía mal colocada la aguja, trató de explicarle a la mujer los problemas comunes de las dueñas de las maquinas, pero ella le replicó que la habían capacitado bien en la casa comercial y no sabía porque cortaba el hilo. El decidió hacerle mantención, limpiar la maquina del aceite con el que la habían lubricado, le colocó la aguja correctamente, le dejó una botella de aceite del que usaban las maquinas y cobró. La mujer pegó el grito en el cielo, a pesar de no ser un cobro excesivo; llamó a su marido y el médico escuchó al maestro, finalmente le pagó el trabajo con el comentario. “Muy bien maestro usted sabe hacer su trabajo”.
Comentarios
Criss: Este lo hice para
Criss: Este lo hice para participar en los oficios, pero no logré entrar. Le cuento que mi padre, "El Judio" en una epoca muy magra debió recurrir a su talento para hacerse un oficio, creo que en ese tiempo no había nadie en el pueblo que hiciera esos trabajos. Eran tiempos en que las costureras y algunos sastres dependian de estos ruidosas maquinas para coser sus trabajos. Fue mecánico de maquinas de coser, electricistas. De la muchas historias que le conocí hay una que raya lo increible; la calle Manuel Rodriguez, el camino obligado a la localidad de Hualqui, era una calle de arena, llena de vaches, donde en días de lluvias se llenaban de agua, un día un automovil con unos funcionarios públicos chocó un palo de la luz, botó el cable de alta tensión sobre el automovil, gran conmoción, nadie se atrevia a sacar el cable. Mi padre conocedor de la electricidad pidió a un vecino que tenia botas y guantes de gomas para hacer la proeza. Gracias por sus palabras. Saludos. Cecil
Buuuu... Se me hizo cortito!
Buuuu... Se me hizo cortito! Bonito homenaje; gracias por compartir recuerdos.