PEREGRINANDO HACIA LOS ANTIGUOS TEMPLOS

Imagen de mario enrique martinez leiva

   Casi todas las religiones o cultos del planeta tienen un espacio, un pueblo, un templo que alaban como el más poderoso. En Chile hay varios, pero en el imaginario de nuestra cofradía el altar en la ciudad de Andacollo, en el norte chico, es uno y quizá el más significativo. Cualquier Baile Chino tiene entre sus proyectos y sueños visitar sus calles y danzar y saludar a “la morena”.

   Nosotros cumplimos el inicial sueño el año pasado. Durante tres días la cofradía peregrinó por tres regiones del país, para recalar finalmente en el gran templo. Nuestra primera estación fue el Cerro Huelén o ahora llamado Santa Lucía, en la capital. Ahí danzamos saludando un sitio que por siglos, no era visitado por un baile chino. Le cantamos al cerro como antes lo hicieron los indígenas del valle del Maipo. De alguna forma le llevábamos el saludo del cerro nuestro, del Mercacha, como si nosotros fuéramos parte de una secreta conexión entre las cimas.

   Nuestro objetivo era llegar a Andacollo, pero antes hicimos una parada. Pasamos la noche en un lugar mágico, al que todos llaman, Valle del Encanto. Se ubica en la cuarta región, cerca de la ciudad de Ovalle. Famosos son sus petroglifos, hermosos y en gran número. En su centro un pequeño curso de agua serpentea por entre grandes rocas. En la noche las estrellas se multiplicaron en el cielo, pues la claridad de la bóveda celeste, permite vislumbrar hasta la más pequeña luz.  Es un diminuto valle, pero que encierra un secreto infinito. En varios sectores existen  piedras llamadas tacitas, es decir, piedras con cavidades circulares que según los entendidos, eran utilizadas para moler semillas. Los petroglifos y las piedras tacitas nos dicen que ese rincón del norte chileno es sagrado y que ahí se realizaron por siglos, ceremoniales y rogativas.

   Nosotros, humildemente quisimos renovar en parte esa ceremonia. En la mañana de nuestra visita danzamos en lo alto, saludamos al altar que estaba frente nuestro con un gran respeto, tratando de imaginar las pasadas ceremonias que de seguro se realizaban en ese poderoso rincón.

   Dejamos el valle del encanto agradecidos, conscientes del honor y el privilegio que significa despertar el canto en ese antiguo templo.

   Seguimos nuestro camino hasta Andacollo. Subimos la cuesta que esconde al pueblo, que suspendida en el aire es como un peldaño al cielo. Nos acogió la comunidad católica en una casa para peregrinos. Bailamos en el templo nuevo, ese gigante iluminado como una gran casa. Saludamos su estatura casi sin creerlo. Estábamos en el mítico pueblo de Andacollo, donde según dice la historia se forjó gran parte de la historia de los Chinos. Era como estar en la capital del reino de los chinos.

   Nos aventuramos hace ya algún tiempo en la tarea de subir cerros y saludar los antiguos dioses. En un principio la ruta que andábamos era desconocida y a veces  difícil de comprender. Hoy seguiremos avanzando y reconstruyendo la sensibilidad de nuestra tierra, danzando.

0
Tu puntaje: Ningun
-A +A