Isabella B. Binimelis - TERMAS DE PANQUI, UN PLANETA BLANCO.

Imagen de Ronald Muñoz San Martín

   


Estamos siempre donde debemos estar;  lo importante es ver más allá  de la ilusión.

Me alejé de mi quehacer, cuyo objetivo era cubrir hasta el  término,  la exposición visual del canto que vino a mi alma; para compartir desde la pureza, con los visitantes que son atraídos por la causalidad; y que siempre son meritorios  presentes,  que  van nutriendo el saber.

Pero la vida es una constante, que esta en continuo movimiento y nos ofrece siempre alternativas   que debemos escoger de acuerdo a nuestro libre albedrío; y en esa libertad de decidir  de acuerdo a la mejor  opción  de nuestra alma; acepté sin dudas pese a un eventual y  complicado estado gripal,   colaborar por cuatro días con el arte culinario, en las Termas de Panqui de la cautivadora Araucanía, para atender con esmero al  esperado embajador, representante de la tierra de los intocables.

Al reconocer que   las instancias que se presentan en la trayectoria de la vida, siempre son oportunidades  de un posible,  me trasladé plena de entusiasmo para vivenciar intensamente la experiencia; acompañada del positivismo y  un gran  equipo, priorizando siempre, el dossier completo de  AM ÑI UL, para una coyuntura   de un viable lobby, notebook y la infaltable cámara fotográfica, que va dejando el registro de los pasos que rozan mi ser.

Y es así  como  la vida me sorprende al  encontrarme caminando dificultosamente  en la nieve,  con un  atuendo de ligerezas que para la circunstancia se hacia sentir absolutamente inapropiado,   y  sin alternativa cargo sin reclamo el  excedido equipaje, que hace tortuoso el avance del caminar porque además se congrega  lo inesperado; el viento, la nevazón y un  estado febril  que va en ascenso, obstaculizando con cierto dramatismo,  porque lo  ilusorio sitúa    restrictivos   que impiden  llegar pronto al  pretendido destino.

El vehiculo con tracción en las cuatro ruedas, había quedado entrampado a pesar de la destreza  de su   conductor, y de   las gruesas cadenas que cubrían  los neumáticos que lo hacían ser un  vehiculo equipado, pero  ya no era tiempo de retroceder, y menos aun de avanzar, solo había una alternativa que era llegar lo mas pronto, al punto predestinado y ese fin   era: Arribar si o sí,  a Las increíbles Termas de Panqui.

Ahora entiendo  de donde nace el ímpetu, para cargar tanto bulto  en circunstancias de tanto desmedro. Es la fuerza del espíritu que se ha formado con el rigor y el anhelo de los sueños  libertarios,  solo ella pudo   levantar mi ser múltiples veces, tras las caídas  de entierros de nieve, que en mas de una oportunidad hicieron perder el control de mi estado de conciencia, dejándome arrastrar por el mundo de la forma  que crea    el desespero, el dolor y la impotencia de sentir sobre mí, el aplastante poderío  de las manifestaciones de  reclamos de la madre tierra.

Y como  en la vida todo es absolutamente  transitorio, me situé nuevamente en la percepción de ver mas allá del horizonte, abandonando las limitancias   creadas y alegremente traspasé  el umbral,  que dejó atrás, la ilusión de la inconveniencia no deseada,  al  transmutar el imaginario de la forma de un mundo hostil, en un mágico placentero y sin darme cuenta me  hallé  arribando, en la idílica  y añorada cúspide.

Me desbordé en el sentir y corrí con desespero a sumergirme bajo las ardientes y terapeutas  aguas que en lloviznas sanadoras y acariciantes  despojaron  la hipotermia, y con deslumbro siento los primeros  hormigueos, que vislumbran    el maravilloso despertar  de mi renacer.

Es un privilegio sentir  nuevamente, el pálpito de la vida con todos sus engranajes  y  disfrutar con regocijo,  solo por  sentir su vivo latente.

Me  desconecté del mundo, y me acuné  como infanta en las rusticas termas, gozosa de la simplicidad de su confort y de sus múltiples bondades, una natura exuberante que frecuento visitar,  pero que en esta oportunidad  cambiaba su visible, al verla cubierta del albo nevado, y oculta bajo el disimulo, de un  sorprendente  “Planeta  Blanco.”

Los gélidos y algodonados copones, no cesaban  de deslizarse    en apacibles y livianas caídas libres, musitando    sonatas navideñas que con disimulo  distraen, deteniendo la mirada y anulando el tiempo, porque es su intencionalidad, centrarnos en la realidad del AHORA.

Y lo que estaba viendo era increíblemente pulcro, estaba sumergida en las aristas de un magnánimo cristalino, y fui registrando en mi alma, el sentir de la transparencia de su plenitud, que en la unidad también se hizo mía, mientras  en la caja registradora de imágenes, dejé el visible tangible para testimoniar a través de la forma.

Esta vez no me abrasé a sus árboles, ni a sus montañas, sino a sus hielos que hicieron recrear juegos, archivados  en mis remembranzas de tierna  infanta. No niego que al sentir el privilegio de tanta dicha, pensé   en los alrededores y en  los  muchos que  estaban viviendo un contradictorio, al quedar aislados en la decretada zona de alerta roja, y no pregunté  ¿Porque? .Sabiamente, comprendí la ofrenda  cósmica y solo dí las gracias infinitas por ser favorecida y vivenciar  la plenitud.

 Al doceavo día llegaron los  rescatistas a socorrer  del supuesto aislamiento, arrastrando  ensordecedores  ruidos que irrumpieron  abruptamente,  el placer del silencio, al  abrir  caminos con empaladas de máquina; irremediablemente el AHORA marcó el momento de continuar el peregrinaje. Me despedí amorosamente de Sal y Gunther, los caninos con quien me enternecí, y  miré con extrema dulzura el bello entorno;  encariñada del lugar que me acogió con extremo amor y acunó mi alma, enseñándome la plenitud  de situarme en   la inexistencia  del tiempo.

Cargué el  pesado bagaje y sonreí largamente; era evidente que el tan esperado embajador, jamás llegó, y  tener la mejor predisposición de  ser buena anfitriona no sirvió de mucho ,no   cociné para el y su familia, y  tampoco di a conocer el importante  dossier del loable propósito que mueve mi existencia,  pero si,  tengo la absoluta certeza, que disfruté  intensamente ,  la franquicia  de apañar libremente mi alma en un inolvidable y mágico   Planeta Blanco.

Isabella B.Binimelis - Artista Visual

isabini4@hotmail.com

Invierno 2011


   

   

 

Fotografías y Texto de Isabella B. Binimelis

 

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