Estamos siempre donde debemos estar; lo importante es ver más allá de la ilusión.
Me alejé de mi quehacer, cuyo objetivo era cubrir hasta el término, la exposición visual del canto que vino a mi alma; para compartir desde la pureza, con los visitantes que son atraídos por la causalidad; y que siempre son meritorios presentes, que van nutriendo el saber.
Pero la vida es una constante, que esta en continuo movimiento y nos ofrece siempre alternativas que debemos escoger de acuerdo a nuestro libre albedrío; y en esa libertad de decidir de acuerdo a la mejor opción de nuestra alma; acepté sin dudas pese a un eventual y complicado estado gripal, colaborar por cuatro días con el arte culinario, en las Termas de Panqui de la cautivadora Araucanía, para atender con esmero al esperado embajador, representante de la tierra de los intocables.
Al reconocer que las instancias que se presentan en la trayectoria de la vida, siempre son oportunidades de un posible, me trasladé plena de entusiasmo para vivenciar intensamente la experiencia; acompañada del positivismo y un gran equipo, priorizando siempre, el dossier completo de AM ÑI UL, para una coyuntura de un viable lobby, notebook y la infaltable cámara fotográfica, que va dejando el registro de los pasos que rozan mi ser.
Y es así como la vida me sorprende al encontrarme caminando dificultosamente en la nieve, con un atuendo de ligerezas que para la circunstancia se hacia sentir absolutamente inapropiado, y sin alternativa cargo sin reclamo el excedido equipaje, que hace tortuoso el avance del caminar porque además se congrega lo inesperado; el viento, la nevazón y un estado febril que va en ascenso, obstaculizando con cierto dramatismo, porque lo ilusorio sitúa restrictivos que impiden llegar pronto al pretendido destino.
El vehiculo con tracción en las cuatro ruedas, había quedado entrampado a pesar de la destreza de su conductor, y de las gruesas cadenas que cubrían los neumáticos que lo hacían ser un vehiculo equipado, pero ya no era tiempo de retroceder, y menos aun de avanzar, solo había una alternativa que era llegar lo mas pronto, al punto predestinado y ese fin era: Arribar si o sí, a Las increíbles Termas de Panqui.
Ahora entiendo de donde nace el ímpetu, para cargar tanto bulto en circunstancias de tanto desmedro. Es la fuerza del espíritu que se ha formado con el rigor y el anhelo de los sueños libertarios, solo ella pudo levantar mi ser múltiples veces, tras las caídas de entierros de nieve, que en mas de una oportunidad hicieron perder el control de mi estado de conciencia, dejándome arrastrar por el mundo de la forma que crea el desespero, el dolor y la impotencia de sentir sobre mí, el aplastante poderío de las manifestaciones de reclamos de la madre tierra.
Y como en la vida todo es absolutamente transitorio, me situé nuevamente en la percepción de ver mas allá del horizonte, abandonando las limitancias creadas y alegremente traspasé el umbral, que dejó atrás, la ilusión de la inconveniencia no deseada, al transmutar el imaginario de la forma de un mundo hostil, en un mágico placentero y sin darme cuenta me hallé arribando, en la idílica y añorada cúspide.
Me desbordé en el sentir y corrí con desespero a sumergirme bajo las ardientes y terapeutas aguas que en lloviznas sanadoras y acariciantes despojaron la hipotermia, y con deslumbro siento los primeros hormigueos, que vislumbran el maravilloso despertar de mi renacer.
Es un privilegio sentir nuevamente, el pálpito de la vida con todos sus engranajes y disfrutar con regocijo, solo por sentir su vivo latente.
Me desconecté del mundo, y me acuné como infanta en las rusticas termas, gozosa de la simplicidad de su confort y de sus múltiples bondades, una natura exuberante que frecuento visitar, pero que en esta oportunidad cambiaba su visible, al verla cubierta del albo nevado, y oculta bajo el disimulo, de un sorprendente “Planeta Blanco.”
Los gélidos y algodonados copones, no cesaban de deslizarse en apacibles y livianas caídas libres, musitando sonatas navideñas que con disimulo distraen, deteniendo la mirada y anulando el tiempo, porque es su intencionalidad, centrarnos en la realidad del AHORA.
Y lo que estaba viendo era increíblemente pulcro, estaba sumergida en las aristas de un magnánimo cristalino, y fui registrando en mi alma, el sentir de la transparencia de su plenitud, que en la unidad también se hizo mía, mientras en la caja registradora de imágenes, dejé el visible tangible para testimoniar a través de la forma.
Esta vez no me abrasé a sus árboles, ni a sus montañas, sino a sus hielos que hicieron recrear juegos, archivados en mis remembranzas de tierna infanta. No niego que al sentir el privilegio de tanta dicha, pensé en los alrededores y en los muchos que estaban viviendo un contradictorio, al quedar aislados en la decretada zona de alerta roja, y no pregunté ¿Porque? .Sabiamente, comprendí la ofrenda cósmica y solo dí las gracias infinitas por ser favorecida y vivenciar la plenitud.
Al doceavo día llegaron los rescatistas a socorrer del supuesto aislamiento, arrastrando ensordecedores ruidos que irrumpieron abruptamente, el placer del silencio, al abrir caminos con empaladas de máquina; irremediablemente el AHORA marcó el momento de continuar el peregrinaje. Me despedí amorosamente de Sal y Gunther, los caninos con quien me enternecí, y miré con extrema dulzura el bello entorno; encariñada del lugar que me acogió con extremo amor y acunó mi alma, enseñándome la plenitud de situarme en la inexistencia del tiempo.
Cargué el pesado bagaje y sonreí largamente; era evidente que el tan esperado embajador, jamás llegó, y tener la mejor predisposición de ser buena anfitriona no sirvió de mucho ,no cociné para el y su familia, y tampoco di a conocer el importante dossier del loable propósito que mueve mi existencia, pero si, tengo la absoluta certeza, que disfruté intensamente , la franquicia de apañar libremente mi alma en un inolvidable y mágico Planeta Blanco.
Isabella B.Binimelis - Artista Visual
Invierno 2011
Fotografías y Texto de Isabella B. Binimelis