Desde Malinche, un garrotazo para la ambición neoliberal

Imagen de cristian muñoz vera

La ambición como deseo de superación puede considerarse una virtud humana, pero si va de la mano con la avaricia, como se observa el presente 2011 con el caso de la empresa Polar S.A en nuestro “chilito lindo”, debiera ser llamada pecado capital.  Así lo hubiese afirmado Santo Tomás de Aquino cientos de años atrás, pues como explicaba su pensamiento teológico, la “avaricia” se contrapone a las virtudes en tanto que interés desmedido por los bienes materiales.

En el mismo sentido del cristianismo aquinense, toda persona que adhiere a una ética social, ha de coincidir con que la ambición entendida como avaricia, afecta la dignidad humana tanto de quien ejerce acciones avaras, como del que se ve dañado por el accionar ambicioso.  

Deberíamos aplicar este mismo concepto de la ambición desmedida para enjuiciar moralmente los deseos de posesión que algunos manifiestan “estrujando” los recursos hidroeléctricos y del lucro en la educación, con el principal objetivo de su beneficio individualista, abusivo y mezquino. En este sentido la ambición representada en el mal ejemplo de muchas personas, puede convertirse en un peligroso “virus” que afecte negativamente nuestra delgada y extensa franja de territorio chileno en todos sus rincones, y en otros lares de nuestra globalizada tierra. Por lo tanto, acusar esta forma de ambición se transforma hoy en una exigencia ética de relevancia crucial para nuestros tiempos.

Pero como a cada carencia humana se le opone una virtud, hemos de afirmar con justeza que podemos observar en los casos abusivos anteriormente nombrados, el despliegue de un conjunto de personas que gritan su anhelo de justicia contra la insana ambición. Esta expresión a través de la multitud de personas que se toman las calles para comunicar su descontento contra estos “malos ambiciosos”, es una propuesta ética ejemplar para la conciencia individual y colectiva. Tales movilizaciones representan la lucha constante de la dicotómica guerra entre bien y mal… dicotomía que siempre tiene algo de exageración después de un análisis realista, objetivo y meticuloso, pero que para efectos de nuestra humanización, es relevante de mantener en el inconsciente colectivo, a fin de manifestar que la permanencia del bien y su capacidad de vencer al mal, como en el mito mapuche de tren tren y kai kai vilu, es una necesidad profundamente humanizadora.

Ahora bien, para una parte de los sectores movilizados, los demonios actuales, así como satanás, tienen diversos nombres; y para muchos de ellos, el mal se llama “capitalismo”. Pero permítanme hacer una moción al respecto; el Capitalismo no es el “mal encarnado”, si fuere así, no debería tener un ápice de vestigio ético u moral. Y aunque lamentable para sus detractores, el capitalismo sí posee desde sus orígenes un componente ético relevante; si bien fundado en una ideología individualista propia de los liberalismos de la época moderna, contiene una moralidad existente en su pensamiento. Elemento que para consideraciones  políticas tiene relevancia si se trata de discutir que ideología es más propicia para una vía hacia el humanismo… bueno, claro está, esto es válido para quienes nos interese el humanismo, venga de donde venga (cristiano, marxista, ecologista, etc., etc.)

Mi estimado lector no crea usted que lee una apología del capitalismo; pero déjeme indicarle que esa ideología fundada en los ideales liberales y pragmáticos, fue suprimido por una ideología contemporánea incubada en el útero mismo del capitalismo moderno, me refiero al neoliberalismo… ¿de qué se vació ese capitalismo para dejar de ser lo que era?... respondo: de su moralidad, y por tanto, de su posibilidad de humanismo. La nueva ambición neoliberal tiene olor a azufre, o sea, a tener acceso al máximo de bienes, sin deseo de compartirlo equitativamente.

Voy agregar un elemento más a la reflexión hasta aquí construida. Hace años leí del escritor Mexicano Octavio Paz, “El laberinto de la soledad”; allí conocí por primera vez la historia de Malinche… pues bien, yo le invito a que se imagine con esta historia, que la indígena Malinche representa América Latina y Hernán Cortez la ambición de la vieja España. Ahora piense que de la tierra de Malinche representada en la ciudad de Tenochtitlan, al ser sometida por Europa, produce un nuevo escenario “la ciudad de México” que sería lo que hoy conocemos por Latinoamérica… (de hecho esto es así, sobre las ruinas de la antigua civilización azteca se fundó la actual capital mexicana) Ahora bien, piense que del cruce entre Cortez y Malinche surge un vástago que representaría el criollismo mestizo…  Si ha seguido conmigo esta imaginería, sueñe como indígena y considere que un día en las entrañas del actual Tenochtitlan, o sea, la “nueva América Latina” y de la descendencia de Malinche, provendrá el nuevo Quetzalcoatl, serpiente mitológica azteca, que sería un nuevo mestizaje liberador de la opresión de la Europa que no quiere reconocer de sí misma su ser indígena…

Usted pensará a esta altura que tiene que ver todo esto con el tema anterior de los primeros párrafos… pues le respondo. El neoliberalismo, capitalismo y liberalismo no son de origen amerindio, sino europeo, responden a una racionalidad moderna occidental que nos trajo las ideas de Nación, Estado, orden, racionalidad y objetividad, etc. y que siempre indicó al pensamiento indígena como “salvaje” en el sentido de retraso… pero hoy nos preguntamos los ciudadanos que buscamos equidad social ¿de qué ideología se nutre hoy la ambición que tanto nos daña con su avaricia?¿no es acaso del protocapitalismo del periodo colonial? y ¿no es el liberalismo y capitalismo en su forma antigua y contemporánea, ideologías que se vinculan a la pretérita ambición desmedida por las riquezas indígenas?...

Ahora bien, si el neoliberalismo, acusado de perversidad y ambición por éste artículo, promueve la idea de que los partidos políticos deben volverse más tecnócratas para ser eficaces... ¿dicha ideología no tiene una alta responsabilidad sobre el alejamiento ciudadano con lo político al observar un actuar tecnócrata y funcional, alejado de virtudes y aparentemente más preocupado de la ambición de unos pocos?

Hoy los sectores movilizados del país, dicen NO a esta idea neoliberal de representatividad. Y ¿por qué dicen no?, la respuesta salta a la vista ¡ambición desmedida!

 Los sectores movilizados serían entonces esa nueva sabia. El quetzalcoatl de una “nueva generación” que trae antiguas formas de cohesión social como los comunitarismos indígenas para preocuparse por el bien común; esto es, el surgimiento de nuevas lógicas diferentes de participación, lejanas a los mezquinos deseos de ambición para buscar poder…

En este sentido me parece atractivo pensar que los movimientos actuales puedan recuperar algo de esa indianidad  tan propia de los pueblos amerindios y de la cual formamos parte en un sentido intercultural de pensar la identidad.  Unión o comunión, que al parecer es más profunda de lo que creemos… desde Malinche, un garrotazo al neoliberalismo…

 

Cristián Muñoz Vera

 

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