El presente artículo tiene por objeto mostrar que es posible acercar la teología amerindia con la católica, para ello se hará referencia de personajes cuya conducta se orientó a una espiritual cristiano católica diferente y deferente con el mundo indígena. También se propondrán ideas para pensar temáticas del dialogo inter-religioso.
Consideren los lectores como marco de comprensión para las ideas aquí expuestas, las palabras del teólogo mexicano e indígena zapoteca, recientemente dichas en las Jornadas Teológicas del Cono Sur: “…tal vez la teología India… la que llevamos a cabo miembros indígenas de las iglesias, al poner en dialogo la experiencia religiosa ancestral de nuestros pueblos con los aportes recibidos de la fe cristiana…siguiendo la tradición de los misioneros profetas del inicio de la evangelización,… nos atrevimos a emplear el término “teología”,… para poner nombre a nuestra forma especial de relacionarnos con Dios y de entender desde ahí nuestra misión en la tierra y también nuestra participación en la iglesia…” (Eleazar López, 2011)
Para iniciar la reflexión del presente artículo, partiré rescatando la memoria de Bartolomé de Las Casas, quien viajó a La Española (Santo Domingo) donde se ordenó sacerdote en 1512 (siendo el primero que lo hizo en el “Nuevo Mundo”) y un año después marchó como capellán en la expedición que conquistó Cuba. Conmovido por los abusos de los colonos españoles hacia los indígenas y por la gradual extinción de éstos, emprendió desde entonces una campaña para defender los derechos humanos de los indígenas, y para dar ejemplo, empezó por renunciar él mismo a la encomienda que le había concedido el gobernador de Cuba, denunciando dicha institución castellana como una forma de esclavitud encubierta de los indios.
Toribio de Mogrovejo, otro religioso preocupado por las condiciones de vida y derechos indígenas en la extensión de su arzobispado, que comprendía desde la población de Lambayeque a la ciudad de Quito, se caracterizó por un afán dialógico con el mundo indígena, que bien valen sumarlo a los esfuerzos del reconocido Bernardino de Ribera, franciscano español, que se le conoce en el orbe por sus estudios del náhuatl, el idioma de mayor difusión entre los indígenas y que actualmente puede colegirse en su libro: Historia general de las cosas de Nueva España.
Mogrovejo convocó y presidió el III Concilio Limense (1582-1583), al cual asistieron prelados de toda Hispanoamérica, y en el que se trataron asuntos relativos a la evangelización de los indígenas. De esta asamblea se obtuvieron importantes normas de pastoral, como la predicación en las lenguas nativas, para lo cual fue creada una facultad de lenguas nativas en la Universidad de San Marcos, así como la impresión del catecismo en idiomas castellano, quechua y aymara que se constituirían en los primeros textos impresos en Sudamérica.
La suma de clérigos defensores de las etnias originarias es no menor, Fray Diego de Medellin, Francisco de Vitoria (su obra De indis afirma que los indios no son seres inferiores y son dueños de sus tierras y bienes), Domingo de Soto, Bartolomé de Carranza, Melchor Cano y Pedro de Lagasca (estos últimos participaron en la famosa Junta de Valladolid (1550) en que se debatió el reconocimiento de derechos a los indios de América), etc.
Más el recuento de figuras religiosas preocupadas por la temática indígena hasta aquí descritas, no se restringen sólo al periodo colonial. En pleno siglo XX, Martín Gusinde, sacerdote, etnólogo y antropólogo alemán, quien durante su permanencia en Chile (catorce años) hizo una serie de investigaciones sobre la cultura de los indios fueguinos, permitió con su trabajo descalificar las afirmaciones de diversos científicos, que fundamentaban el estado de inferioridad de los indígenas que habitaban el extremo austral de Chile. El trabajo literario de dicho religioso y su experiencia de convivencia en medio de la extinguida etnia selknam, exigió el término de los vejámenes y crímenes a los que eran sometidos los nativos originarios de la Patagonia Chilena.
Más recientemente se puede nombrar al fallecido Jtatic Samuel Ruiz García (1924 – 2011) Su trabajo en medio de las etnias de México, le concede una figuración relevante. Obispo Emérito de la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas, fundador y Presidente de este Centro de Derechos Humanos desde 1989, le permitió mediar en los diálogos entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el gobierno mexicano. Fue un gran teólogo de la liberación e impulsor de la teología india. Candidato al Nobel de la Paz, recibió distintos reconocimientos, en especial por la defensa de los pueblos indígenas en Chiapas. El reconocimiento más importante que recibió, según él mismo lo comenta, es el Cargo jCanan Lum (título en Tseltal) que le entregaron en Octubre de 1999 los hermanos de Teología India. Dicho cargo proviene de una antigua tradición de los pueblos mayas en Chiapas y Guatemala, una manera de reconocer y animar el corazón de una persona que es visto así por los demás como el cuidador de la tierra y cuidador del pueblo.
En el año 2006, el sacerdote de Maryknoll, Padre Eugenio Theisen Tabery, quien recorriera como misionero toda la zona de Mérida, atendiendo sobre todo las comunidades y pueblos MAYA. Durante su permanencia (40 años) en el sur de Chile, acompañando las comunidades indígenas mapuches, aprendió su idioma y tradujo numerosos textos en él, aportando en el conocimiento de dicho pueblo originario. Tiempo después pidió a su ex compañero de misión, P. Francisco Bélec, recuperar un curso del idioma mapuche que había elaborado durante su estancia en esa cultura y compartirlo gratuitamente con quien lo desee (el curso puede leerse en http://www.turismoruralchile.cl/mapudungun.htm)
La suma de personeros católicos preocupados por la fe y acontecer del mundo indígena, marcan el derrotero de una actitud cristiana que se apertura a las necesidades del mundo indígena para reconocer su valor cultural y libertad religiosa. Dicha herencia es hoy un acervo ineludible del mundo católico para pensar un dialogo entre religiones de modo legítimo.
En los tiempos anteriores al Concilio Vaticano II (1962): Dios era el Altísimo, vigilante de su mundo, y atento a las desobediencias de sus súbditos, preparándoles una recompensa después de la muerte siempre y cuando estos aceptaran una serie de obligaciones y normas morales (mandamientos desde la concepción teológica veterotestamentaria) que eran reguladas por la jerarquía eclesiástica. Posterior a la década de los sesenta, primó una nueva lectura de la fe, neotestamentaria, que muestra la síntesis de la fe en un Jesucristo que no desea personas seguidoras de normas. En el corazón de esta nueva teología, el centro es la libertad del ser humano, abierto a la caridad y fraternidad, especialmente dirigida a los más débiles. Esta nueva mirada teológica, centrada en la opción por los más pobres, según la reflexión del teólogo peruano Gustavo Gutierrez y que se conoce como teología de la liberación (poseedora de una larga tradición y seguidores, particularmente en América Latina); permite un acercamiento desde el catolicismo hacia el indigenismo en un diálogo inter-religioso verdaderamente fructífero.
En consecuencia, aceptar hoy al Cristo del Evangelio, entendiendo la palabra evangelio en su sentido etimológico (“buena nueva”) nos acerca a la idea quechua del kawsay, porque se trata de una invitación a entender lo “bueno” como el bienestar interior y lo “novedoso” por el carácter desconocido hasta ahora de una teología liberadora y que concede un espacio importante a lo indígena. Esto implica que un indígena que desee abrazar la fe, lo debiera hacer en la perspectiva de esta nueva teología, o sea, por opción personal y no obligación u imposición, e igualmente para un indígena. Obviamente más allá de los ritos y símbolos religiosos y más acá de una espiritualidad del “bienestar interior”. Esta tolerancia mutua, promoverá un respeto entre las religiones amerindias y el cristianismo
El encuentro de articulación y espacio de diálogo entre teología católica y espiritualidad indígena, desde esta nueva óptica teológica y que tiene su seno en el indigenismo, fortalece al cristianismo y catolicismo en tanto que aprende de las comunidades indígenas una sabiduría ancestral; esto implica que la teología católica ya no “mirará” más al indigenismo como una cultura pasiva, sino que lo comprenderá como la filosofía de un pueblo que puede iluminar a otras culturas.
Ahora bien, el lector del presente artículo, podría indicar que hasta el momento de la reflexión, no se logra argumentar cercanía entre teología cristiana y espiritualidad amerindia; que si bien hay muchos casos de figuras religiosas emblemáticas, dicha evidencia no es suficiente para sostener la relación vincular entre teología católica y espiritualidad amerindia. Por ello intentaré agregar algunas ideas más, que permitan ampliar esta reflexión fundamentando que sí es posible un diálogo interreligioso entre mundo católico y mundo indígena.
Primero diré que para el mundo originario la vivencia y comprensión autóctona del “vivir bien” es hoy revalorada en ambientes públicos, culturales y eclesiásticos; es más, esta sabiduría ancestral puede conllevar una reflexión para iluminar modelos políticos, económicos, ecológicos y espirituales. No se trata de una abstracción, sino de algo tan trivial como el “andar bien por la vida”. Kawsay (verbo y sustantivo quechua) y sarnakaña y qamaña (términos aymaras) se refieren a la idea del “estar y andar cotidiano, con su terrestre y muy concreta trascendencia”; o sea, reconocer en la experiencia de bienestar, un elemento invisible, espiritual o fuerza vital.
Este descubrimiento novedoso que hace el cristianismo de lo indígena, siempre ha formado parte de la sabiduría ancestral en las diversas etnias originarias y considera dos direcciones: la de los pueblos animistas, en que “lo sagrado” está en la naturaleza, dentro de ella y a través de ella. Ejemplo claro son la cultura quechua, náhuatl, mapuche, aymara, etc. Y la de los seres humanos cargados de un poder sagrado. Así los pueblos mayas o incas donde su “rey” era encarnación de “lo sagrado”.
La visión religiosa de lo sagrado presente en toda la naturaleza, llámese pachamama, newen o como lo nombre cada cosmovisión indígena, es una fuerza espiritual que permite “estar bien” a cada persona desde una perspectiva religiosa y por lo tanto, acerca hermanablemente las concepciones animistas indígenas con la concepción monoteísta de omnipresencia divina, o sea, el Dios creador de todo lo que existe y presente en todo cuanto existe. En dicha relación o acercamiento religioso, es posible generar dialogo entre una teología católica y una teología indígena.
Este diálogo inter-religioso no debe tener por objeto que una religión subsuma la otra. No se trata de generar síntesis para lograr una única verdad teológica. La diversidad permitirá enriquecer desde ópticas diferentes el caminar de expresiones religiosas distintas hacia una reflexión común y respetuosa, que aporte el crecimiento en la fe, entendiendo que no existen únicas formas de comprensión de Dios que agoten el contenido de la Fe.
Agregando una segunda idea para construir temáticas que permitan el dialogo teología india y cristiana, es relevante considerar del concepto católico de pecado, su propuesta sobre la libertad interna de cada persona, que de no asumir la “santidad” puede promover acciones contrarias al bienestar individual y/o colectivo. Esta fuerza interior que busca el bienestar individual-colectivo, puede ser comparada con la concepción religiosa mapuche del newen o ngen. ¿Cómo es posible esto?, observemos que existe ngen del agua: ngenko, ngen de los cultivos: ngenketran, de las personas: ngenche, ngen de los bosques: ngenmawida, etc. Cuando toda(s) esta(s) fuerza(s) se ejerce(n) en equilibrio y armonía, todo está bien en nuestro mundo según la cosmología mapuche; si se rompe esta armonía y equilibrio, se instala el desorden, por cualquier causa que sea, personal, comunitaria, social, etc. ¿Acaso esta idea del newen no equidista con la idea de “santidad”, como para generar un diálogo interreligioso?
Una tercera pista para pensar el dialogo teología india y cristiana, está implícito en el documento que redactaron los Obispos latinoamericanos en Aparecida (Brasil), donde se expone que una nueva teología indigenista exigiría un compromiso social de dialogo constante. En esta línea está consolidándose en Chile la llamada Pastoral Mapuche, cuyo objetivo ha sido acompañar a los Mapuches desde su cultura y cosmovisión religiosa para ir creando una pastoral que asuma sus valores. Desde 1986 viene promoviéndose dicha acción en Temuco, Concepción, Villarrica, Los Ángeles, Santiago y Valparaíso. Esto implica que la pastoral católica no puede cerrarse en una Doctrina religiosa que niegue el indigenismo en su horizonte de fe.
En conclusión debemos afirmar que la relación entre teología católica y espiritualidad indígena no sólo es posible, sino que hoy es una realidad vigente, no sólo en un contexto teórico, sino que también práctico y que lo viene siendo desde los orígenes de la colonización. En la medida que exista reconocimiento de los derechos humanos de los pueblos originarios de Latinoamérica, que es también el reconocimiento de éstos como hijos de Dios, podremos entender religiosamente la sabiduría ancestral y al Dios de los amerindios.
Cristián Muñoz Vera